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Joe Lewis sigue mandando en el sur

Días atrás el gobierno nacional volvió a demostrar su indiferencia por el concepto de patria en su aspecto más sensible: la integridad territorial. Pobladores rionegrinos de la zona cordillerana volvieron a realizar una marcha, la cuarta, «por la soberanía» para exigir la apertura de los accesos públicos a Lago Escondido, apropiado por el multimillonario británico Joe Lewis, un amigo personal del Presidente de la Nación. Esa apropiación se inscribe en la extranjerización de tierras patagónicas que tiene lugar ante el dejar hacer de la clase política y las fuerzas de seguridad como supuestas encargadas de la vigencia y custodia de las fronteras.
En este caso el agravio es completo: la propiedad está en el área que la ley considera como de seguridad de fronteras (ahí las tierras no pueden estar en manos de extranjeros); constituye uno de los más bellos lugares de la provincia y, como si no fuera suficiente, en el lugar producen energía aprovechando los recursos naturales del país y se la venden al municipio de El Bolsón.
Pero además, Lewis (de quien ha dicho el Presidente que es «un empresario que colabora desinteresadamente con el país») y su cohorte de abogados se permiten desconocer una sentencia del Superior Tribunal de Justicia de Río Negro que ordenó la apertura de los accesos al lago, cerrados por orden del magnate. En apoyo de esa resolución el Presidente llegó a decir que el acceso al Lago Escondido ya estaba garantizado por un sendero de montaña y que era «un camino en perfectas condiciones para cualquier ciudadano». Una falacia más, ya que ese sendero de acceso requiere tres días de caminata y solo puede ser emprendido por quienes conocen muy bien esa geografía.
Los que han intentado efectuar ese recorrido (u otro más breve y accesible que permitía el acceso con automóviles) lo han encontrado cerrado, ya sea por obstáculos puestos adrede o -increiblemente- por fuerzas policiales y de Gendarmería, apostadas allí para defender la posesión de tierras argentinas ocupadas por un extranjero.
Las reiteradas marchas de ciudadanos que reclaman el cumplimiento de las leyes no parecen conmover a quienes deberían velar por su cumplimiento. Queda claro que para el gobierno resulta más fácil apalear comunidades mapuches que emplazar a millonarios extranjeros para que cumplan con nuestra legislación. Y también queda claro que esta situación está en sintonía con la concepción de «país-negocio» que viene desplegando el macrismo desde sus misma asunción y que, lamentablemente, recién ahora parece ser advertida por gran parte de la población. El de Lago Escondido (o Hidden Lake como la ha bautizado su actual ocupante) es uno más de los episodios que vienen marcando un «cambio» de rumbo hacia las formas más extremas de liberalismo que se pretenden imponer.
Actitudes prepotentes como la de Lewis, consentidas y hasta justificadas por las autoridades nacionales y provinciales,
nos distancian de las aspiraciones de soberanía territorial que la mayoría de los argentinos siguen defendiendo.