Juegos araucanos que aquí son tehuelches

I – Desde hace años, jóvenes pampeanos participan anualmente de los llamados “Juegos de la Araucanía”, una iniciativa que con un saludable afán integrador une a argentinos y chilenos en competencias deportivas. La historia de esos juegos remite a la década del 90 cuando era ministro de Bienestar Social Santiago “Patucho” Alvarez y su supervivencia un cuarto de siglo después es una muestra del costado más rescatable de la gestión del controvertido funcionario que fue condenado años después por enriquecimiento ilícito.
Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Neuquén y La Pampa del lado argentino y las regiones de la Araucanía, Bío Bío, Los Lagos, Los Ríos, Magallanes y Aiysen desde Chile, envían delegaciones a las sedes alternas de los juegos. La intención de los Juegos de la Araucanía es unir por el deporte a las juventudes de ambos países que reconocen profundos lazos históricos, geográficos y económicos.

II – Pocos años después de iniciados los juegos, y a la luz de la reforma constitucional de 1994, La Pampa formó con el resto de las provincias del sur del país la Región Patagónica y confluyeron todas en el Parlamento Patagónico.
Las tres iniciativas, los juegos, la región y el parlamento obedecen a un mismo objetivo plasmado en tres áreas distintas. Para La Pampa es un cambio en la dirección de la mirada que, desde su fundación oteó hacia los puertos bonaerenses y, ahora lo hace hacia el sur.
Lo notable es por qué, a diferencia de las otras dos uniones regionales, los juegos adoptaron un nombre que no refiere a la totalidad sino solo a una parte de esa gran región binacional del extremo sur. Llamar “de la Araucanía” a los juegos donde se integran provincias argentinas que no reconocen un pasado araucano común es, por lo menos, una inexactitud histórica.
Si la denominación fue tomada de Arauco, esa región del hermano país de donde toman su nombre las sociedad araucanas, sería una forma inexacta de definir todo el territorio incluido en los juegos. Las fronteras de la araucanía están bien delimitadas del otro lado de la cordillera y no comprenden nada del lado argentino. Si, en cambio, el nombre refiere al proceso histórico de expansión de esos pueblos chilenos que, hace unos dos siglos, cruzaron la cordillera hacia la pampa argentina a la que ocuparon militarmente, sería también un exceso, además de geográfico, histórico. Definir toda la Patagonia argentina que participa en los juegos como la “araucanía” confunde, pues esa supuesta región ocupada por los araucanos fue un proceso tardío (primer tercio del siglo XIX o, cuando mucho, ultimas décadas del siglo XVIII) en un territorio que estuvo ancestralmente poblado por sociedad tehuelches de lengua, cultura y características raciales distintas de las que eran portadores los pueblos araucanos y se produjo sólo en la parte más septentrional de ese vasto territorio que hoy conocemos como la Patagonia.
El proceso que algunos autores definen como la “araucanización de la pampa” duró poco más o menos un siglo y terminó tan violentamente como comenzó en la llamada impropiamente “conquista del desierto”.
Lo que está claro es que no fue la Patagonia argentina una zona araucanizada, sino tardía y parcialmente, y que esa araucanización se superpuso a un profundo sustrato tehuelche al que sometió imponiendo su lengua, su organización y que suplantó en su papel económico como proveedor de sal o en las actividades ganaderas o e pillaje. Esas sociedades de cultura y lengua tehuelche son más genuinamente representativas de la identidad de este lado de la cordillera (y que más hacia el sur habitaba también territorio hoy chileno), es la que hay que reivindicar cuando con la nomenclatura queremos rendir homenaje a la preexistencia de pueblos originarios del lado argentino.

III – No es motivo de esta columna debatir sobre aquel proceso que los historiadores van reconstruyendo progresivamente a medida que avanzan las investigaciones y se suman trabajos, que aportan a su conocimiento y a su comprensión.
Pero no ayuda a la formación histórica de los jóvenes el inducirlos a que se aproximen al pasado de la región y al de sus pueblos originarios a través de un término que, erróneamente, refiere a toda la Patagonia como la Araucanía, olvidando injustamente a esos pueblos que no eran mapuches ni araucanos sino tehuelches.

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