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La alegría es feminista

CELEBRAR LAS CONQUISTAS A PESAR DEL DOLOR

Ante el cansancio y el dolor es necesario sentir el aire y la luz de cada victoria, para hacer de la experiencia militante también una fiesta, con y a pesar de todo.
VICTORIA SANTESTEBAN*
«Con los tambores desaparece la Zarité de todos los días y vuelvo a ser la niña que danzaba cuando apenas sabía caminar. Golpeo el suelo con la planta de los pies y la vida me sube por las piernas, me recorre el esqueleto, se apodera de mí, me quita el desazón y me endulza la memoria. (…) Los tambores vencen al miedo… nadie puede conmigo, entonces me vuelvo arrolladora como Erzuli, loa del amor, y más veloz que el látigo». (La Isla Bajo el Mar. Isabel Allende).
Una militancia que sonríe. Entre la lista sinfín de ítems a deconstruir, está la tarea de romper los muros que separan la alegría y el disfrute del compromiso y el reclamo de justicia. La alegría también nos libera y es la bocanada de aire para seguir la marcha. Una lucha que denuncia pero que también celebra cada conquista, consciente de los sinsabores, que transforma el dolor y la bronca en amor y baile es parte de desacomodarlo todo.
En esta parte del planeta, las marchas feministas de los últimos años cubren de glitter las pieles. Se baila y se canta a pesar de la amargura. Hay tambores que reviven un llamado ancestral de mover las caderas en plena calle. Se pisa el suelo con más ganas, con menos miedo. Se contornean los cuerpos audaces para reivindicar el baile y la risa. Se baila para ridiculizar el legado eurocéntrico que nos dice que la alegría le saca autoridad al reclamo. A esta cultura pacata de rechazo al disfrute, que demoniza el ritmo porque invita al pecado libertino, que nos adoctrinó el cuerpo y el alma, también hay que patear al compás de una murga. Además, se baila para sacudirnos el mote de amargadas que el patriarcado nos ha querido poner.

Cal y arena.
Transitar la lucha feminista contando cal y arena es parte de sobrevivirla. Es convivir con pinchazos de globos todos los días. Hay tristeza y dolor, hay frustración y bronca, hay llanto, hay incertidumbre, hay desilusión cuando nos dicen que la igualdad es utópica. Hay desesperación cuando vemos la reacción feroz, la violencia vetusta del patriarcado interpelado. Nos duele el revanchismo evidente de cada femicidio, de cada denuncia, de cada uso y abuso de nuestras vidas.
Hay días que somos tan conscientes de la astucia del diseño patriarcal, que se reinventa con velocidad espeluznante, que la angustia invade estos cuerpos cansados de la cosificación, el escarnio y la opinión. Por eso, ante el cansancio y el dolor es necesario sentir el aire y la luz de cada victoria, para hacer de la experiencia militante también una fiesta, con y a pesar de todo.

Bocanadas de aire.
Jamás una sentencia podrá volver a la vida a la mujer asesinada por el novio que la apuñaló por creerla suya, mientras los hijos dormían en la habitación continua. Nadie me va a devolver a mi hija, aciertan madres y padres de las víctimas. Pensar en un derecho penal restaurativo en estos términos es difícil. El Estado llegó tarde y el femicida arremetió con su violencia letal ¿Cómo volver a reír cuando el recuerdo de quien ya no está se cuela todos los días en la memoria? Como enseñaron las abuelas: desde el amor se vuelve a empezar y se reclama memoria, verdad y justicia. Una sentencia no devuelve la vida arrancada pero es necesaria para tener paz y fuerzas para seguir. La semana pasada, el Superior Tribunal de Justicia de La Pampa rechazó el recurso de casación contra la sentencia que condenó a prisión perpetua a Enzo Walter Gauna, femicida de su pareja Valeria Coggiola.
Gauna no recuerda cuántas puñaladas le dio mientras los hijos de Valeria dormían en la otra habitación. Escapó de Pico hasta Catriló esa misma noche de invierno de 2019 en la que mató a Valeria. Las sentencias pampeanas dijeron nunca más puede la emoción violenta salvar a un femicida y nunca más puede entenderse a la víctima como culpable de su propia muerte. La justicia dijo que Gauna no es un loquito que anda apuñalando gente por la vida o que se encontraba en estado de emoción violenta: se condenó a Gauna por femicida, por hijo sano del orden opresor y genocida que le enseñó que el amor duele y que las mujeres son de su propiedad. Este discurso judicial da cuenta de la pérdida de autoridad e institucionalidad del machismo y son bocanadas de aire para seguir marchando.

Políticas públicas.
La pandemia no fue óbice para la marcha, que ahora baila por zoom, agitando pañuelos desde el sillón. Y tampoco impidió que a nivel local y nacional, se diseñasen políticas públicas para la igualdad de género. El programa Acompañar, de apoyo y acompañamiento a personas en situación de riesgo por violencia de género salió por decreto y el presupuesto para 2021 es el primero que contempla la perspectiva de género. Esta semana también fue noticia que Luz Aimé Díaz, la joven trans que estuvo dos años presa por un delito que no cometió fue absuelta, y Angela Lerena será la primera mujer que comentará en televisión los partidos del seleccionado argentino de fútbol.
El municipio santarroseño cumpliendo con su obligación de empoderar a víctimas de violencia machista, exoneró a un empleado condenado por violencia de género, y la sobreviviente, Valeria Juárez accederá al puesto vacante.
Al cupo laboral trans en Santa Rosa desde 2017, y en General Pico desde la semana pasada se suma que la Legislatura pampeana tratará un proyecto para contar con cupo trans a nivel provincial.
En La Pampa se sancionó la ley de paridad de género el pasado 10 de septiembre, que ya es día histórico para quienes recién cumplimos unos jóvenes 73 años de ejercicio de derechos políticos.
La paridad de género también llegó a los listados de conjueces, conjuezas, funcionarios y funcionarias ad hoc del Poder Judicial pampeano: la semana pasada el Superior Tribunal de Justicia de La Pampa presentó una nómina que por primera vez consideró a la paridad de género como criterio rector.
La alegría es revolucionaria porque desconcierta a quien nos quiere apagadas, a quien quiso quitarnos hasta las ganas de reír. La marcha firme y convencida de que el sueño eterno de un mundo mejor se concreta, dibuja sonrisas. Escribe Cortázar que hay que obligar a la realidad a que responda a nuestros sueños, que hay que abolir la falsa frontera entre lo ilusorio y lo tangible. Y aquí estamos, en lugares que creían impensados para nosotras, bailando al compás de risas vibrantes, exigiéndole al mundo más igualdad, más justicia, más amor.

Abogada. Magister en Derechos Humanos y Libertades Civiles.