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La antipolítica no da tregua

I. Otro gran consorcio empresario se sumó a Techint y dispuso la desvinculación de centenares de trabajadores. Esta vez fue el grupo Mirgor, propiedad de Nicolás Caputo, el «amigo del alma» del expresidente Mauricio Macri. En tanto, los grandes bancos comerciales se borran y ninguno participa en la operatoria lanzada por el Banco Central para otorgar créditos a baja tasa de interés a las Pymes. Solo bancos públicos y cooperativos acompañan la medida a pesar de las astronómicas utilidades que obtuvo el sector financiero privado en los últimos cuatro años.
Por su parte las grandes empresas de la alimentación, casi todas oligopólicas, y las que fabrican insumos básicos ante la pandemia como el alcohol, aumentan desmesuradamente los precios obligando al gobierno a imponer topes máximos e inspecciones para controlar que se cumplan. Como si el Estado no estuviera ya exigido por el operativo sanitario más grande y exigente del que se tenga memoria.

II. Por si no bastara con esas muestras de insensibilidad del poder económico, grupos de trolls del macrismo promueven cacerolazos -se escucharon desde algunos balcones de los barrios del norte de la Capital Federal y del centro de la ciudad de Córdoba- que cuentan con la simpatía y el poder de amplificación de los grandes medios porteños. Lo que reclaman es que los funcionarios públicos se rebajen los salarios ante la emergencia provocada por el coronavirus. Es decir, están pidiendo que el presidente, los gobernadores y los intendentes que están al frente de los tres niveles del Estado -nacional, provincial y municipal-, asumiendo la conducción en sus respectivas jurisdicciones del combate contra esta pandemia, cobren menos. Y lo mismo los responsables de las áreas de Salud y Acción Social, con sus equipos de médicos, enfermeros y otras especialidades que están en la primera trinchera de este gigantesco operativo para resguardar la salud de los argentinos. Es una descabellada reacción contra el Estado, otra forma de la antipolítica, justo cuando en nuestro país y en todo el mundo ha quedado demostrado que es el Estado y no el mercado el que va a sacar las castañas del fuego ante esta epidemia global.
Pero no les falta coherencia a los que promueven estas manifestaciones, porque son los mismos que, cuando estuvieron en el gobierno, hasta el 10 de diciembre, rebajaron a la mitad el presupuesto del Malbrán, degradaron el Ministerio de Salud a Secretaría, dejaron de aplicar vacunas y anularon o debilitaron infinidad de programas sanitarios. Las muertes de niños wichís en el norte argentino es el resultado más ominoso de esas políticas destructivas de la salud pública.

III. La derecha muestra sus garras. No lo hace con sus figuras políticas en virtud del gran consenso que ha ganado el gobierno nacional por su conducción del combate a la pandemia. Por ahora es el «círculo rojo» empresario el que inició la ofensiva, acompañado, como siempre, de algunos conspicuos periodistas de la prensa aliada, quienes fogonean internas inexistentes en el gobierno, «recomiendan» menos dureza en la negociación de la deuda externa, piden rebajas impositivas a los sectores más privilegiados, «aconsejan» el retorno de medidas de ajuste en el Estado para «favorecer» una rápida recuperación del sector privado… Como si en el mundo y en el país no pasara nada y todos hubiéramos perdido la memoria. El dogma neoliberal les ha formateado la mente y no pueden escapar de ese virus.
Es evidente que a estos sectores reaccionarios todavía les cuesta digerir el resultado de las elecciones de octubre último y el regreso de un gobierno popular a la Casa Rosada. Por sus intereses de clase detestan al Estado cuando este interviene para ponerle límites a la «libertad de mercado» y su «mano invisible» que, como todos saben, representa la «libertad» de los tiburones para comerse a las mojarritas.