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La basura, un tema central

La conciencia acerca de la defensa del medio ambiente no tenía demasiada vigencia en La Pampa de las dos últimas décadas. Más allá de la constante acción en favor de los ríos robados, el interés vinculado a otros temas y problemas no despertaba demasiado interés. Sin embargo los últimos años, junto con una educación temprana y algunas experiencias significativas, han traído novedades positivas a La Pampa.
Un buen ejemplo es el tratamiento seleccionado de la basura cotidiana, tema del que se ha ocupado desde antiguo este diario; son varios los municipios que abandonaron el viejo y tosco sistema de enterrar o quemar la basura domiciliaria para apelar a una selección inicial, hogareña, y un reciclado posterior. En ese sentido seguimos una tendencia mundial, y es bueno que así sea ante la alarma que está creando el cambio climático en la atmósfera pero también la contaminación de las aguas continentales y oceánicas.
A este promisorio panorama provincial (ya son varios los pueblos que han optado por él y otros lo cuentan en sus perspectivas) se agregó en las pasadas semanas la localidad de Catriló que, a los anteriores cuidados agregó la recolección de pilas y baterías, un tema que, a pesar de ser poco percibido, ofrece un panorama importantísimo en cuanto al cuidado ambiental. Un cálculo expeditivo de cuántas pilas desecha diariamente una población grande o mediana aporta una cifra que sorprende, o asusta, si se piensa que van a parar a basurales sin reciclado alguno. El panorama se torna más inquietante al pensar que una significativa cantidad de esas unidades son de pequeño tamaño y, a pesar de estar blindadas, tienen un altísimo poder contaminante, especialmente para con las aguas subterráneas. Se estima que esa clase de baterías es la más consumida en el planeta.
Los defensores del ambiente deberían ir pensando, también, en la llamada «basura electrónica». El acelerado avance de la tecnología en ese rubro hace que muy rápidamente los objetos que hoy se utilizan -radios, televisores, computadoras, registradores, celulares, etcétera- se vuelvan obsoletos en poco tiempo e inevitablemente no tengan otro destino que la basura. En el mundo hay países -pobres, obviamente- que se han convertido en verdaderos vaciaderos de estos desechos electrónicos provenientes de las naciones desarrolladas. La lógica mercantil en la era neoliberal descansa en la maximización de la producción y venta de bienes de todo tipo con absoluto desprecio por las consecuencias nocivas para la ecología planetaria. La exacerbación del consumismo no repara en el daño que se ocasiona a los recursos naturales, que no son inagotables. Por cierto que se han elaborado y debatido tratados internacionales que intentan contener esta fiebre de ganancia destructiva, pero, cuando aparecen cláusulas que afectan los grandes intereses de los países centrales -que son los más contaminantes- se moderan o quedan sin efecto en el terreno de los hechos.
De allí que, volviendo a las líneas iniciales de esta columna, no puede menos que verse como muy positiva la decisión de las autoridades comunales de algunas localidades pampeanas, de proteger el ambiente en donde habitan. Por suerte la tendencia crece.