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La bossa nostra

DOMINICALES

Toda columna que, como ésta, procure de vez en cuando arrancar una sonrisa del lector, desnudando lo que hay de cómico, grotesco y hasta ridículo en el mundo del poder, deberá necesariamente lamentar que, tras las elecciones del domingo, la reputada diputada Elisa Carrió haya decidido dejar la política. Personajes como éste no aparecen todos los años. Ahora que dejará de fatigar al electorado, no le faltarán oportunidades para desarrollar su creciente vocación por la comedia, en la que corresponde desearle todos los éxitos.

Nao tem fin.
Pero este necesario duelo que habrá que atravesar, no debe nublar la vista para detectar los varios contendientes al trono vacante. Y he aquí que esta misma semana volvió a picar en punta el inefable presidente brasileño, Jair «Messias» Bolsonaro.
El amigo carioca sufre de una verborragia incontenible cuando le toca hablar de Argentina. Para empezar, y tras reconocer que le había puesto sus fichas «al otro» (¿cuánta gracia le hará al actual presidente un apoyo semejante?) se quejó amargamente del nuevo mandatario, «mal elegido» por estas pampas. Hay un problemita allí con la inmiscusión en los asuntos internos de otra nación, pero con las cosas que se dicen por aquí de Venezuela, no podemos menear mucho esa cuestión. Hay que aclarar, igual, que no es equiparable ese comentario del más alto mandatario brasileño con lo que dijo aquí el presidente electo con relación a la prisión de Lula: una violación a los derechos humanos no puede invocarse como «asunto interno».
Lo grave en realidad es esta idea -que también tiene muchos cultores por aquí- de que lo ocurrido fue «un error» del electorado. O aceptamos la democracia tal como es, y respetamos los resultados de las elecciones, nos gusten o no, o nos declaramos antidemocráticos, monárquicos o lo que fuere. Dicho sea de paso: hubo muchos que amenazaron con dejar el país si se producían estos cambios, y no se los ve haciendo las valijas.

Desafinado.
En nada colaboran a la cuestión los hijos del presidente brasileño, que cuando no están envueltos en alguna corruptela, andan haciendo escándalos por las redes sociales. Subido a la polémica antiargentina, uno de ellos publicó un autorretrato, rodeado de armas largas y parafernalia militar, junto con una foto del hijo del presidente electo argentino, que como es sabido, suele vestirse de mujer, como hecho artístico, y como protesta contra la discriminación. La intención era obvia, algo así como proponer un concurso a ver quién es más macho. Lamentablemente, en psicología, la ostentación de armas largas -objeto fálico si lo hay- suele verse como síntoma de una masculinidad vacilante.
Al cabo que Bolsonaro no vendrá a la asunción del nuevo gobierno el próximo 10 de diciembre. La noticia ha hecho temblar a unos cuantos voceros del «mercado», temerosos de que sus negocios con el Mercosur estén en peligro. Son temores exagerados: los lazos económicos y culturales entre nuestros países están muy fuertemente establecidos como para depender de una coyuntura electoral. Por otra parte, si la suerte del Mercosur depende de los humores del actual presidente brasileño, entonces de todos modos no tenía futuro alguno.
El faltazo del 10 de diciembre, además, sería una mera devolución de gentilezas. pocos lo recuerdan, pero el actual presidente argentino tampoco fue a la asunción de su par brasileño el primer día de este año.

Vocé abusó.
Don Jair hace bien en quedarse en el Brasil, donde otros asuntos lo ocupan. Y no hablamos de la deforestación del Amazonas, quemazón mediante, o la dilapidación del patrimonio público nacional. Ahora debe atender una seria acusación por el crimen de la diputada Marielle Franco, acribillada a balazos en marzo de 2018.
Ya está probado que los sicarios que la ejecutaron partieron del condominio donde vivía el hoy presidente: incluso uno de ellos es su vecino. Es más, al otro sujeto le permitieron la entrada al complejo desde la casa del propio Bolsonaro, tal como testimonió el portero del lugar. Este, por supuesto, estaba convenientemente en Brasilia, pero es bien sabido que el primer mandamiento en un asesinato por encargo es que el comitente esté lejos de la escena del crimen.
Marielle, hoy un ícono de la lucha feminista, representaba todo lo que Bolsonaro odia: era mujer, era negra, era gay, era de izquierda y feminista, y para colmo no se callaba la boca. El se excusa, sin embargo, diciendo que «no necesito matar a nadie en Río de Janeiro». Curiosa frase que daría a entender que, saliendo de ese ejido municipal, sí podría estar precisando achurar alguna gente. Eso explicaría el arsenal de armas con que se lo ve siempre.
Vá embora, Messias.

PETRONIO