domingo, 22 septiembre 2019
Inicio Opinion La búsqueda incansable de las Abuelas de Plaza de Mayo

La búsqueda incansable de las Abuelas de Plaza de Mayo

EJEMPLO DE LUCHA Y AMOR

Con fortaleza admirable, las Abuelas continúan el camino que se trazaron hace 43 años, cuando sus nietos y nietas eran bebés que los militares les arrebataron.
IRINA SANTESTEBAN
El lunes pasado cumplió 90 años Sonia Torres, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo de Córdoba; mientras que el 15 de agosto, Rosa Roisinblit, vicepresidenta de la entidad a nivel nacional, cumplió 100.
Da que pensar la fortaleza de estas mujeres, cuya vida fue de sufrimiento y búsqueda, a veces infructuosa, que llegan a vivir tantos años con una entereza que ya quisieran tener personas con la mitad de esa edad.
Será que las motoriza el amor y no el odio; será que transformaron el terrible dolor de la pérdida de sus hijos, en lucha perseverante por encontrar a sus nietos y nietas.

Sonia y Silvina.
Sonia Torres es la madre de Silvina Parodi, quien junto a su marido Daniel Orozco fue secuestrada en marzo de 1976, en el barrio de Alta Córdoba. Ella tenía 20 años y estaba embarazada de cinco meses. Su bebé, un varón, nació en el Hospital Militar el 14 de junio de ese año, y a pesar de conocerse esos datos precisos, no se ha podido todavía dar con el paradero de ese niño, hoy un hombre de 43 años. Luciano Benjamín Menéndez seguramente lo sabía, pero el genocida se murió el año pasado sin decir una palabra, ni sobre el nieto de Sonia, ni sobre los demás bebés secuestrados durante su nefasto reinado como jefe del Tercer Cuerpo de Ejército.
Sonia es una mujer sencilla y fuerte, su presencia es una constante en los juicios por los crímenes de lesa humanidad que se han realizado en Córdoba. Hace 10 años, Sonia escribía esta carta: «Querido nieto o nieta. Soy tu abuela Sonia. Hace tanto tiempo que estoy buscándote. Han pasado 33 años sin poder estar a tu lado en los momentos difíciles. Sin tu sonrisa, sin tus caricias. Me imagino encontrar en tu mirada el reflejo de tus padres. Silvina y Daniel te pensaron y esperaban tu llegada con mucho entusiasmo. Su compromiso con la sociedad, su solidaridad y un gran amor por vos hicieron que buscaran un mundo más justo para recibirte. Anímate a buscarme. Seguro hay muchas preguntas que aletean en tu interior y que juntos podemos responderlas. Mi deseo más grande es poder abrazarte y descubrir juntos el amor que unió a tus padres, Silvina y Daniel… y que vive en vos y en mí. Este año cumplo 80 años y quiero festejarlos con vos brindando por nuestro reencuentro. Hasta encontrarte, te espero y te pienso. Tu abuela Sonia».
Diez años después, con cada nieto o nieta que es identificado por las Abuelas, Sonia renueva la esperanza de encontrar al suyo.

Las abuelas.
Cuando comenzaron la búsqueda de sus hijos e hijas durante la dictadura militar-cívica, en dependencias policiales y del Ejército, soportando largas esperas, desplantes y negativas, no podían imaginar que su asociación sería una de las entidades más reconocidas no sólo en Argentina, sino en el mundo, en la defensa de los derechos humanos.
Cuando los militares y grandes empresarios diseñaron el plan represivo y de exterminio de las organizaciones revolucionarias y de toda forma de resistencia al golpe de Estado, los hijos e hijas de las detenidas-desaparecidas se convirtieron en un verdadero «botín de guerra». Se planificó un sistema de detención de embarazadas, que incluyó partos clandestinos, falsificación de identidades y simulación de adopciones, con el fin de apropiarse de los bebés que nacían durante el cautiverio de sus madres.
Se calcula que fueron apropiados y privados de su identidad, unos quinientos bebés, niños y niñas, en su mayoría por parte de militares o policías, o de familias allegadas al régimen de facto, que pretendieron educarlos como si fueran sus hijos propios, pero en realidad fueron autores, partícipes o encubridores del asesinato de sus verdaderos padres.
Ramón Camps, jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, donde cantidades de niños y niñas fueron secuestrados, decía: «personalmente yo no eliminé a ningún chico, lo que hice fue dar algunos a organizaciones benéficas para que les encontraran nuevos padres. Los subversivos educan a sus hijos en la subversión. Por ello esto debía detenerse».
Chicha Mariani, una de las fundadoras de Abuelas, murió sin saber qué fue de su nieta Clara Anahí Mariani, apropiada cuando tenía 3 meses de edad, en un operativo militar comandado por Camps, en el que murió su madre y nuera de Chicha, Diana Teruggi.

Premio Nobel.
Las Abuelas fueron nominadas al Premio Nobel de la Paz en cinco oportunidades, en reconocimiento a su lucha y trabajo en defensa y promoción de los derechos humanos, en especial por la búsqueda de sus nietos y nietas nacidos en cautiverio.
Sin embargo, nunca fueron finalmente premiadas, a pesar del gran logro que significa haber podido localizar y recuperar la identidad de 130 de los 500 niños apropiados.
Como una cruel paradoja, en 2009, se entregó este premio al entonces presidente norteamericano Barack Obama, responsable de bombardeos y crímenes en diferentes regiones del mundo.
Por ello será que para Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas, la nominación es un honor pero no guarda demasiadas esperanzas en que ese galardón les sea otorgado.

Los 100 años de Rosa.
Si los 90 años de Sonia nos causan admiración, qué decir de otra de las Abuelas, que el 15 de agosto pasado llegó a los 100 años. Se trata de Rosa Roisinblit, la vicepresidenta de la entidad a nivel nacional, quien perdió a su única hija, Patricia, y encontró a su nieto, Guillermo Pérez Roisinblit en el año 2000. Sin embargo, diecinueve años después, continúa buscando a los nietos y nietas de sus compañeras, participando de las actividades y en especial de las conferencias de prensa cuando las Abuelas comparten la alegría de una nueva recuperación de identidad.
Decididamente los Derechos Humanos no son un curro, como dijo el vaciador de la Argentina. Las Abuelas así lo demuestran, son nuestro orgullo, su lucha de cuatro décadas no tiene precio.