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La carne, el maíz y las dos Argentinas

El contraste no pudo ser más brutal: la mayor producción de carne vacuna en los últimos años coincidió con el menor consumo de los argentinos en un siglo. En 2020 se faenaron 14 millones de animales, el nivel más alto desde 2007, pero en el país se consumió apenas 49,7 kilogramos por habitante, el nivel más bajo desde 1920.
Otro sinsentido: el aumento del precio de la carne vacuna promedió el 74,8 por ciento el año pasado, duplicando con creces la inflación anual que, se estima, rondará el 35 por ciento. Pero lo más llamativo es que en el mismo período el precio internacional se derrumbó un 4,5 por ciento. En síntesis, la carne preferida de los argentinos se pudo despegar simultáneamente de la inflación y de los valores internacionales derrotando a ambos y dejando fuera de carrera a los consumidores.
Con las carnes de pollo y cerdo ocurrió algo similar al aumentar sus precios un 58 y un 59 por ciento respectivamente el año pasado. Como consecuencia directa un sueldo promedio pudo comprar un 20 por ciento menos de carnes durante 2020. La pandemia trituró salarios y disparó los precios de los alimentos, con especial énfasis en los productos cárnicos.
Esta es la razón por la cual el gobierno nacional intenta poner tibios límites a la exportación de maíz afectando apenas al 10 por ciento de las ventas al exterior. Este cereal es un insumo imprescindible en la producción de aves, porcinos y bovinos, y también de los biocombustibles y la industria del aceite.
Aún con la seguridad de exportar el 90 por ciento del maíz producido, la Mesa de Enlace se pintó la cara con un lock out, y después ratificó la medida a pesar de que el gobierno flexibilizó la exigencia inicial y permitió la exportación de un cupo de 30 mil toneladas diarias.
Entre los datos que se retacean en este debate figura uno que es muy ilustrativo. Los principales productores de maíz del mundo, Estados Unidos y Brasil, exportaron la temporada anterior menos del 20 por ciento de su producción. Es decir, la porción mayoritaria de lo obtenido por sus cosechas la destinan a abastecer sus necesidades internas, exactamente lo opuesto a lo que pretenden las entidades rurales argentinas.
Un dirigente santafesino de la Federación Agraria, crítico del alineamiento de su organización con la medida de fuerza, advirtió que la Mesa de Enlace es, en los hechos, «una mesa política al servicio de Cambiemos».
Lo que en el fondo cuestionan las patronales agrarias es la «intervención» del Estado tal como lo expresaron públicamente sus dirigentes. Defienden la absoluta «libertad de mercado» y afirman que si el gobierno espera que baje el precio del maíz reduzca los impuestos y las retenciones.
El apoyo político de Juntos por el Cambio, tanto a la medida de fuerza como a las exigencias, es explícito y se difundió en las últimas horas. Surgió de un encuentro por Zoom que contó con la participación de la cúpula del PRO, el radicalismo y la Coalición Cívica.
La tercera pata de esta mesa la conforman los grandes medios de confusión porteños con su apoyo incondicional al establishment agrario, del que también forman parte.
La derecha política, mediática y empresaria empezó el año electoral mostrando los colmillos.