La ciencia acosada

Además de reducir los ingresos de las mayorías, erosionar la industria y el comercio, afectar negativamente la educación, entre otras acciones negativas perpetradas en poco más de dos años, el gobierno nacional parece empeñado en desmantelar la ciencia y la tecnología. Son los hechos los que hablan a través de los “ajustes” llevados a cabo sobre el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el Consejo Nacional de Investigaciones (Conicet), el organismo que construía los satélites nacionales (Arsat) y, más recientemente, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de vasta trayectoria y relevancia en cuanto al desarrollo del complejo agropecuario.
Ahora le llegó el turno al sector dedicado a la energía nuclear con una crisis que se manifiesta, entre otras razones, por la falta de insumos básicos para su producción, altamente especializada, a causa de la abrupta poda de su presupuesto. Cabe señalar que, pese a nuestra condición tan inestable, la Argentina marcó rumbos en el conjunto de los países denominados emergentes en materia de aprovechamiento del átomo. Razones geopolíticas y presiones internacionales no permitieron que ese desarrollo alcanzara niveles capaces de causar desequilibrios pero hubo épocas en que nuestros científicos y tecnología estaban muy cerca de los más calificados del mundo.
En lo que respecta al aprovechamiento de la energía atómica ahora campea el economicismo liberal y la sospecha de que se están favoreciendo intereses particulares; se ha llegado al colmo de no producir el combustible necesario para las centrales nucleoeléctricas. Además la construcción de la tercera planta productora de energía se encuentra paralizada desde hace tiempo y sin perspectiva de cambio favorable.
La postergación de las actividades que lleva a cabo la Comisión Nacional de Energía Atómica ya se había insinuado el año pasado y se confirma para el próximo, cuando su presupuesto se reducirá en más del 20 por ciento. Aunque se quiera disfrazar la realidad con discursos, lo cierto es que una actividad esencial para el país va quedando postergada por decisiones políticas que agravan las malas perspectivas para la ciencia y la tecnología.

¿Estarán enterados?
El vecino que vive y padece a diario la realidad de nuestra capital y que se informa por los medios de comunicación locales -este diario entre ellos- se formula una pregunta a todas luces legítima: ¿conocerán los funcionarios municipales y los ediles lo que informan esos medios con respecto al estado de la ciudad? La pregunta resulta pertinente ya que, con un simple ejercicio de memoria, se advierte que muchos de los problemas denunciados son de fácil e inmediata solución. Pese a ello muchos árboles allí siguen con sus ramas bajas entorpeciendo a los peatones, algunos con un peligroso grado de inclinación, los huecos de los ya inútiles medidores de agua, los vehículos sin condiciones adecuadas de circulación, las deposiciones animales por doquier (especialmente en el área céntrica), muchas veredas sin una mínima nivelación y mantenimiento, algunas de ellas por su suciedad y estado de abandono imposibles de transitar… La lista no se agota en estas escasas menciones y podrían añadirse varios otros temas de mayor entidad pero, para el propósito de estas líneas, alcanzan pues son una muestra de que hay mucho trabajo por hacer si los responsables se decidieran pasar a la acción.
Sin embargo ni el intendente ni los concejales -a quienes se supone más relacionados con el quehacer cotidiano y cuentan con los proyectos como herramienta- parecen advertir estas fastidiosas realidades diarias, permanentes, que debe afrontar el ciudadano santarroseño cuyos aportes sostienen la estructura del municipio. Existen casos en que los reclamos por algunos de los problemas mencionados llevan años sin que se advierta señal alguna de solución, lo cual hace más oportuna todavía la pregunta que abre este artículo.