La concentración, esa religión del macrismo

Clarín siempre supo operar con los gobiernos. Bajo la última dictadura logró apropiarse de la mayoría accionaria de Papel Prensa; con Carlos Menem se adueñó de Canal 13 y Radio Mitre y con Eduardo Duhalde tuvo una ley a su medida para licuar su deuda con acreedores externos. Pero es ahora con Mauricio Macri que está logrando una concesión tras otra: primero con la derogación parcial y por decreto de la Ley de Medios el grupo logró conservar su posición dominante del mercado de la TV por cable; inmediatamente accedió a la telefonía celular y, en los últimos días, a una alianza con Telecom que lo posicionará como la mayor corporación económica del país, superando a YPF. Solo resta la aprobación del Enacom -nadie duda que la tendrá- y de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia, en donde podrá haber observaciones pero no un freno.
Según uno de los diarios económicos, Ambito Financiero, “el mayor problema deriva del grado de concentración que tendrá la nueva compañía, al punto que no se la puede comparar con otra experiencia similar a nivel internacional, si se considera el tamaño del mercado argentino y los escasos actores participantes”. De hecho, con la legislación antitrust, esta fusión no sería aprobada en EE.UU., Canadá, Alemania o Francia.
El nuevo grupo fusionado concentrará 4 millones de líneas fijas, 20 millones de líneas móviles, casi 4 millones de los accesos a banda ancha en todo el país y 3,5 millones de usuarios de TV por cable. En comparación, Telefónica cuenta con unos 6 millones de líneas fijas, 17 millones de móviles y 1,6 millones de accesos de banda ancha. En tanto, Claro posee alrededor de 21,7 millones de líneas móviles. Pero lo más significativo es que el nuevo gigante tendrá el doble de los accesos a internet con que cuenta Telefónica y que ambas empresas concentran más del 90 por ciento de ese mercado. Además, la nueva empresa será la única que podrá brindar el apetecible “cuádruple play” a partir de enero de 2018.
La extrema concentración de poder mediático-comunicacional-económico hará de esta megacorporación un actor con un peso político como nunca antes se vio en el país. En 2009 el Congreso de la Nación había votado por amplia mayoría una ley antimonopólica para evitar la concentración excesiva de medios electrónicos, pero el Grupo Clarín con la complicidad de jueces aliados logró resistir la aplicación de la norma que, por lo demás, había sido declarada constitucional por la Corte Suprema. Ahora, destrozada aquella ley regulatoria, esta megafusión implica un retroceso extraordinario en la materia y viene a instalar en el país a un gigantesco consorcio que jugará con todo su peso en el campo político.
El macrismo había prometido que, una vez llegado al gobierno, favorecería la “democratización” de los medios, garantizaría la “pluralidad” de voces y la “competencia leal” en el mercado mediático. Como tantas otras, esta promesa tampoco la cumplió. Nunca antes se había visto a un gobierno obsequiar tanto y en tan poco tiempo a un solo grupo empresario. Ideología y negocios favorecieron este parto que tanto le costará a la salud democrática del país.