La corrupción no tiene color político

El lunes este diario publicó un texto del ex presidente de la Nación, Arturo Frondizi, sobre el uso espurio de la corrupción para difamar o perseguir a gobernantes y dirigentes populares. Frondizi no fue lo que hoy podría llamarse un presidente “populista”; por el contrario, abandonó sus promesas de campaña no bien asumió el gobierno para volcarse hacia posiciones de derecha en un giro político que motivó la renuncia de su vicepresidente, Alejandro Gómez, en el primer año de su mandato.
En su libro “Estrategia y táctica del movimiento nacional”, Frondizi lleva a cabo un rastreo histórico de las figuras que fueron víctimas de acusaciones de corrupción al finalizar sus mandatos y menciona a Moreno, Castelli, Paso, Belgrano, San Martín, Urquiza, Rosas, De la Torre, Irigoyen, Perón… Todos ellos, y muchos otros, sufrieron en carne propia campañas y denuncias de corrupción con el fin de “acarrearles el odio público” en palabras de Juan Manuel Beruti.
El texto, escrito hace más de medio siglo, adquiere gran actualidad en momentos en que se están promoviendo en forma indiscriminada las mismas prácticas acusatorias contra funcionarios del gobierno anterior sin condena judicial. Lo novedoso hoy es que se suma la inapelable sentencia mediática por parte de las grandes cadenas informativas y la acción de jueces venales que fogonean, o cajonean, causas según el color político del imputado.
En los últimos días los pampeanos pudieron ver el informe que presentó un canal del Grupo Clarín y que compromete seriamente al titular de la Secretaría de Deportes de la Nación. Las acusaciones muestran una serie de irregularidades en el organismo que dirige el pampeano quien se defendió alegando “inexperiencia”; pero el peso de las imputaciones lo obligó a despedir a su segundo quien fue acusado de operar como lobbista en favor de una gran empresa que fabrica piletas de natación. También el informe cuestiona la metodología en el otorgamiento de becas y subsidios a deportistas, entrenadores y clubes. En este punto, las denuncias coinciden con otras de similar tenor publicadas tiempo atrás en otros medios de comunicación.
Para un partido político como Cambiemos que hizo de “la lucha contra la corrupción K” su principal bandera de propaganda, éste es un trago muy amargo. Sus afiliados y simpatizantes deben estar sufriendo por partida doble estas acusaciones que fueron divulgadas nada menos que por Canal 13, uno de los emblemas del mayor grupo mediático del país que es a su vez un aliado de la primera hora del macrismo y actor principal en la tarea de demoler al gobierno anterior a fuerza de cargos de corrupción no siempre bien documentados.
Está muy lejos de ser ésta la primera denuncia que afecta al gobierno nacional aunque para los pampeanos adquiere especial significación por el dirigente que esta vez se encuentra involucrado. Son muchos los casos -y mucho más graves- que ya salpicaron a figuras prominentes de Cambiemos (Panamá y Paradise papers, deuda del Correo, Avianca, dólar futuro, Odebrecht, soterramiento del Sarmiento, etc.) aunque en esta provincia suenen como temas “alejados” de la preocupación diaria.
Para quienes, en el macrismo, están acostumbrados a cerrar toda discusión política con sus adversarios kirchneristas con un tajante “se robaron todo”, este caso que hoy involucra al máximo dirigente pampeano de ese espacio constituye una verdadera piedra en el zapato. Sin embargo quizás pueda actuar a la manera de un ejemplo didáctico que permita sustraerlos del clima de guerra que busca imponerse en los debates televisivos con conductores bien entrenados para promover discusiones furibundas mediante el uso arbitrario de la corrupción, como si ese flagelo solo afectara a una parcialidad política y el resto se mantuviera absolutamente impoluto y fuera del alcance de sus consecuencias.