La corte del Tío Tom

DOMINICALES

En la cultura negra norteamericana, debe haber pocos insultos más graves contra uno de sus miembros que el de “Tío Tom”. Algo así como el epíteto “Malinche” entre los mexicanos, designa a los miembros de esa etnia que se muestran serviles hacia sus dominadores, sin haber percibido o asumido la propia condición. La expresión proviene, por supuesto, del personaje central en la novela “La cabaña del Tio Tom”, publicada en 1852 por Harriett Beecher Stowe, que en realidad era avanzada para su época por presentar a un esclavo con rasgos humanizados.

Clarence.
Hoy un jurista de raza negra integra la Corte Suprema de los Estados Unidos. Su fama sin embargo no deriva de este hecho singular, sino de haber sido acusado por acoso sexual contra la abogada Anita Hill -también negra y ex empleada suya- durante las audiencias del Senado en que se trató su postulación, a propuesta de George Bush, en 1991. Pero entre los republicanos, ser predador sexual no aparece como un problema para llegar a la Corte. Que lo diga sino Brett Kavanagh.
El juez Clarence Thomas -tal su nombre- también es notorio por su costumbre de jamás abrir la boca para intervenir en las audiencias públicas del Tribunal. Quienes observan alguno de esos actos solemnes difícilmente podrían distinguirlo del resto del mobiliario adusto; su presencia casi bovina, su mirada ausente, acaso indicador de una mente en blanco.
Y es que en realidad, Thomas piensa “en blanco”, esto es, como si fuera blanco. Su ideario reaccionario lo coloca en el extremo derecho del tribunal, defendiendo la postura del “originalismo”, según la cual, sólo puede interpretarse la Constitución de la manera en que fue concebida por sus redactores, los llamados “Padres fundadores”. Es por eso que Clarence se opone a legalizar el aborto, o les niega derechos a los homosexuales. Ni siquiera parece advertir que, de respetarse la voluntad y las costumbres de Franklin y Washington, en lugar de estar impartiendo justicia, él mismo estaría cosechando algodón en el Sur, cantando algún blues.

Sullivan.
Acaso para contentar al “amo blanco” de turno en la Casa Blanca -que vive quejándose de lo mal que lo trata la prensa- el juez Thomas acaba de despacharse con un voto en el que propone, nada más ni nada menos, dejar de lado la doctrina fijada por la Corte, hace ya cincuenta y cinco años, en el caso “New York Times vs. Sullivan”.
Este precedente que se ha mantenido y amplificado por toda una generación -y hoy es doctrina también en Europa y hasta en nuestro país- proclama básicamente que cuando una noticia versa sobre temas de interés público, quien se dice afectado por ella debe probar no sólo su falsedad, sino también la mala intención o la suprema torpeza de quien originó el mensaje.
La doctrina -conocida también como “real malicia”- se originó en un caso donde la Corte buscó, tan luego, proteger el debate público sobre la cuestión de los derechos civiles en general, y en particular, sobre la situación de sojuzgamiento en que permanecía la población negra en el Sur estadounidense. De algún modo, la lucha de los negros por sus derechos, terminó ampliando las libertades democráticas de todos, no sólo en EE.UU., sino en buena parte del mundo occidental. Qué ironía que sea tan luego un negro el que pretenda volver atrás el reloj de la historia.

Cosby.
No paran allí las ironías. Este solitario voto de Thomas -ex empleado de Monsanto- fue parte de un fallo por el cual la Corte rechazó la demanda por difamación promovida por una de las víctimas del actor negro Bill Cosby -otrora estrella de la comedia televisiva- quien actualmente está preso y afronta alrededor de sesenta acusaciones por violación. Si tuviera un poco de recato, el juez debería haberse recusado de participar en un caso que involucraba a un colega.
De ahí la importancia crucial que tiene prestar atención al proceso de selección de los jueces del máximo tribunal. En EE.UU., actualmente la derecha cuenta con una sólida mayoría en la Corte, y se prepara para arremeter contra varios derechos conquistados, como el aborto legal, sin ir más lejos. Ello fue producto de una maniobra espuria de los republicanos en el Senado, que le birlaron dos nominaciones al presidente Obama, las cuales ahora fueron usadas por el actual ocupante del Salón Oval.
Exactamente lo mismo hizo la oposición en Argentina durante el último año de la anterior presidencia: negarse a tratar los pliegos de postulantes legítimos, para luego usar esas vacantes en la designación de dos jueces conservadores en el actual período. Así es como desde hace tres años se vienen recortando los derechos laborales. Y como, también, se trató de hacer retroceder la historia para beneficiar a los responsables del genocidio.

PETRONIO