La cuestión no es quién puede derrotar a Macri sino parar la crisis

LA SEMANA POLITICA

El desprestigio del gobierno es tan grande como el salto del dólar en los últimos días. Eso trae más inflación y pobreza. Varios candidatos pueden ganarle a Macri. El tema es quién podrá sacar el país de la crisis.
SERGIO ORTIZ
Los gritos y la soberbia presidencial del 1 de marzo murieron apenas culminó la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. Ni siquiera los medios monopólicos pudieron abonar el terreno para que mantuvieran algún eco positivo en la población.
El divorcio entre esas palabras inflamadas de electoralismo y el duro trajinar de los argentinos, dejó a Mauricio Macri más solo que Carlos Menem y Fernando de la Rúa en el Día del Amigo.
El salto que dio el dólar, que pasó cómodamente los 43 pesos, aumentó aquél descrédito presidencial. Encima, con la misma (i) lógica macrista, el ministro de la Producción, Dante Sica, declaró que al gobierno no lo preocupaba la cotización del billete. Sica alguna vez supo algo de economía e industria, cuando era funcionario de otros gobiernos y su consultora era solicitada por el mundillo empresarial concentrado. Ahora parece un ignorante…
No es sólo una cuestión de números, que cualquiera puede sacar en casa. Si el dólar valía 9 pesos cuando Macri asumió en diciembre de 2015 y ahora cotizó a 43, quiere decir que en estos tres años y tres meses aumentó 477,7 por ciento. Una devaluación de ese tipo está en el “cuadro de (des) honor” y aún puede ser “abanderada”, si algunos pronósticos negativos se cumplen. Hay indicios de que podría subir hasta 50 pesos o más a fin de año.
Aún el menos conocedor sabe que esos golpes devaluatorios son fatales desde el punto de vista inflacionario, porque se trasladan a precios. Ni los acérrimos defensores del gobierno se atreven a negar que la inflación de 2019 será del 32 o 35 por ciento y que en febrero fue del 4.
Eso pulveriza las palabras presidenciales de que la inflación “viene en baja”. Y dan respaldo fáctico a los reclamos de aquellos gremios que reclamaron la recomposición salarial por las pérdidas sufridas en 2018 y cláusulas gatillos para la despareja carrera de los salarios versus los precios en el año en curso. Por ejemplo, los docentes no comenzaron las clases el 6 de marzo y estos paros no serán los únicos en el año, luego que sólo 6 o 7 provincias firmaran acuerdos más o menos aceptables con los sindicatos.
Las corridas y subas del billete washingtoniano anticipan que en lo inmediato aumentarán los alimentos, los combustibles y las tarifas de servicios públicos, de por sí recargadas por la dolarización de Macri y sus empresarios amigos.

Mejor un “pañuelo verde” que la CGT.
Aquellos no son datos aislados ni pasajeros, sino de impacto seguro en la economía, al punto que el veedor del FMI, Trevor Alleyne, admitió en Mendoza que Argentina es un país más vulnerable. Y no es un enemigo del gobierno sino un garante que cogobierna junto a Cambiemos. Si él lo dice…
La inflación desbocada es un grave problema, pero su contracara y agravante, la recesión, es tan rampante como aquella.
En algunos ámbitos empresarios y oficiales, como el III Foro de Inversiones realizado en Mendoza con presencia del mencionado Alleyne, esos dramas productivos no aparecen en forma descarnada. De todos modos, algunos de sus participantes no pueden menos que pedir al gobierno nacional y al provincial que ayude a las actividades productivas.
Sin esos velos, la realidad es más descarnada cuando sectores industriales se muestran tal cual están, caso de la rama automotriz, que por falta de ventas tiene a 7.000 trabajadores suspendidos y cobrando el 75 por ciento de su salario. Y no son Pymes sino monopolios como Peugeot, General Motors, Honda, Fiat y Renault, que provocarán otra ola de suspensiones y despidos aún mayor “aguas abajo” en el sector autopartista y fábricas metalúrgicas, del plástico, el neumático, etcétera.
La fábula macrista de los “brotes verdes” de la economía hoy suena más cínica y mentirosa, con tanto material probatorio de que las cosas van en el sentido opuesto. No es la luz al final del túnel. Es la luz del tren que nos está arrollando.
¿Por qué no hay más respuesta de los afectados? La pregunta es pertinente, porque, nobleza obliga, el primer violín de la orquesta del ajuste (la directora es madame Christine Lagarde), Nicolás Dujovne, dijo una verdad: era la primera vez que se ejecutaba un ajuste tan grande y no caía el gobierno que lo realizaba.
El cronista apunta al menos dos razones para que esa maltrecha estabilidad no terminara en un vuelo de helicóptero, además del hecho cierto que PRO-Cambiemos mantiene el aval de un 30 por ciento del electorado.
Una razón es que la oposición peronista-kirchnerista con sus variados matices, hace mucho tiempo que abandonó toda idea de confrontación severa con el macrismo y centró toda su actividad en los preparativos electorales. Aceptó que la disputa fuera sólo institucional y no callejera, para evitar acusaciones de “desestabilización”, con lo que concedió tiempo y oportunidades extras a los ajustadores.
La otra razón es que la dirigencia de los movimientos gremiales y sociales no jugó ningún papel movilizador sino más bien lo contrario. Fue un espectador de la carnicería social que a lo sumo hizo alguna declaración contraria a la misma. Sin la complicidad activa de esa cúpula, donde sobresale el Consejo Directivo de la CGT aunque la lista es bastante mayor, no se entiende que las cosas se hayan estirado hasta este punto. Este sector dio una nueva prueba de su complicidad, al congelar los lentísimos preparativos para un paro general a realizar en abril. Ahora, a cambio de más fondos del gobierno para Obras Sociales, esa promesa volvió a dormir el sueño de los justos.
En contraste con esos pusilánimes sindicalistas, el viernes 8 el país asistió al tercer paro nacional (con ramificaciones internacionales) de mujeres, con un excelente documento leído en Plaza de Mayo, en una gigantesca movilización de mujeres en Buenos Aires y muchas ciudades.

¿Quién podrá sacar el país adelante?
Un par de semanas atrás, un simple obrero, Dante, incomodó al presidente en un acto y le reclamó contra el ajuste; “hagan algo, la concha de mi hermana”, le espetó. Ese trabajador hizo más que todos los del Consejo Directivo cegetista, para visibilizar y cuestionar el plan fondomonetarista.
Y el viernes 8, la multitudinaria marcha de mujeres y sus reclamos plasmados en el documento plural de Plaza de Mayo, también certificaron que los “pañuelos verdes” son infinitamente superiores a Héctor Daer y sus compinches de la burocracia.
Las mujeres ganaron las calles y pusieron unidad, alegría, ovarios, combatividad y un buen programa-manifesto. Todas esas características juntas componen un interesante aporte que deberían tener en cuenta quienes se candidatean a los cargos nacionales y provinciales en las elecciones que comienzan hoy en Neuquén y culminan el 27 de octubre para la presidencia y vice de la República.
Es que daría la impresión que derrotar a Macri en las urnas no es la parte más complicada. Varias encuestas coinciden en que Cristina Fernández, Sergio Massa y Roberto Lavagna, entre otros, podrían cumplir esa parte de la tarea, en primera o más probablemente en segunda vuelta. Eso puede ser así no tanto por el mérito de esos precandidatos, que se califican de un modo u otro como opositores, sino por la caída abrupta de la imagen del jefe de Estado que recolonizó a la Argentina y le amputó buena parte del aparato productivo.
El problema básico es quién podrá sacar el país adelante, una vez apartado Macri por la vía electoral.
Está claro que quien sea elegido presidente y su gabinete recibirán el 10 de diciembre de 2019 una “pesadísima herencia”, una crisis al rojo vivo. Por ejemplo, ¿qué harán con la deuda externa de 400 mil millones de dólares, engrosada por Macri en más de 154 mil millones? ¿Aceptarán mansamente esa hipoteca que no se tradujo en ninguna obra pública ni un plan de desarrollo nacional, sino que impulsó la fuga de capitales y endeudó a varias generaciones?
Si así fuera, no habría ninguna solución a las demandas que hoy hacen los maestros, jubilados, obreros industriales, de la economía popular, despedidos, Pymes, etcétera. Sería la continuidad del ajuste macrista con otro nombre de partido o alianza en el gobierno.
El Congreso del PJ y kirchnerismo en Ferro hizo mutis por el foro sobre estos asuntos decisivos.
Claro que desafiar ese orden de cosas semicolonial y fondomonetarista supone graves riesgos políticos e institucionales, porque volverían las campañas desestabilizadoras del grupo Clarín con sus operadores serviciales de moda como Daniel Santoro. También los fallos judiciales adversos desde la cloaca de Comodoro Py e instrumentos como el fiscal Carlos Stornelli y los agentes de inteligencia de embajadas extranjeras como Marcelo D’Alessio. Habría pleitos interminables como los ganados por los “fondos buitres” de Paul Singer y el juez neoyorquino Thomas Griesa, felizmente fallecido, etcétera.
Se sabe que aspirar a ser un país independiente y digno tiene sus riesgos y altos costos, para el colectivo y los individuos. Es cierto, pero la cobardía, mediocridad y resignación semicolonial no tienen nada positivo para el 90 por ciento de las personas.