La cumbre del G20 y los nuevos alineamientos

ENTREVISTA A BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS

El sociólogo portugués analiza el contexto mundial en que se realizará esta cumbre en Buenos Aires, al tiempo que desentraña la nueva guerra entre EE.UU. y China.
RICARDO GOTTA
Es doctor en sociología del derecho por la Universidad de Yale y catedrático en la de su Coímbra natal, en Portugal. Con un profuso currículum en sociología del derecho, epistemología, movimientos sociales, globalización, democracia y derechos humanos, es uno de los creadores del Forum Social Mundial y escribió una treintena de libros. Boaventura de Sousa Santos, 78 años, retornó a Buenos Aires para el Foro del Pensamiento Crítico. Aquí analiza el contexto mundial que rodea a la Cumbre del G20:
-Estamos en un interregno de dos globalizaciones, siempre caracterizadas por una rivalidad potenciada entre países. Ahora son EE.UU. y China. China está muy bien posicionada: los EE UU reaccionaron tarde por la crisis de Medio Oriente. Lo certifican incluso documentos internos de la CIA, de 2008, que proyectan que en 2030 China será la primera economía del mundo. La paradoja es cómo llega una gran acreedora de EE.UU.: de 20 trillones de dólares de deuda, seis están en manos chinas. No la pueden atacar directamente.
-Pero sí indirectamente.
-Neutralizan a Rusia de uno u otro modo; neutralizan a Brasil, aliado de China en los Brics; buscan una articulación con Corea del Norte, aliada incondicional de China y empiezan a romper con un acuerdo muy extraño. Además buscan aislar a China como gran inversor, comercial y estratégico, desde Venezuela hasta Brasil y Argentina.
-Quebrar el Brics es clave.
-Vivo la mitad del año en EE.UU.: Wall Street sintió la gran amenaza de los Brics de crear un mercado alternativo, un banco mundial, una canasta de monedas. Ahí se encuentran algunas razones del golpe a Dilma. Por otro lado, EE.UU. no considera que la UE pueda ser un aliado natural contra China, entre otras cosas porque no apoya el acuerdo nuclear con Irán. Trabajan para desintegrarla: cogobiernos de derecha de Polonia o Hungría, y financian a ONG y a eurodiputados. El único país que le interesa y temen es Alemania.
-En ese contexto se da la pelea de fondo en el G20.
-Al G20 los líderes vienen a decir cosas estúpidas sobre nuestro mundo: en un momento que necesitamos de una agenda ecológica ya que la crisis es tremenda, dicen que el cambio climático no es un problema. Bolsonaro acaba de nombrar un ministro que dice que el cambio climático es una conspiración marxista. La inteligencia artificial no va a destruir el trabajo de los Ceos y las grandes empresas, pero sí se va a cargar muchos puestos de trabajo. Y no saben cómo frenar a China. Y están desesperados para renovar las formas de explotación de la naturaleza. Además, Europa no cedió del todo la cuestión de los transgénicos. Enfrentaremos brutales problemas ecológicos y va a crecer el número de refugiados ambientales.
-¿Para qué les sirve, entonces, la cumbre?
-El alineamiento: de qué lado están los diferentes países en esta guerra. Tratan de volver al libre comercio en términos de un nuevo nacionalismo de derecha impulsado por EE.UU. Si esta cumbre decidiera al menos una autoregulación del capital financiero internacional para evitar una crisis próxima, ya sería algo. Pero no lo hará. Ya en Davos se mostraron totalmente insensibles a cuestiones como la pobreza.
-La lucha por la democracia, en estos tiempos se da en otros términos.
-En los ’60 había cuatro o cinco tipos de democracia, al menos, pero en este siglo sólo quedó la democracia liberal. Esta democracia no se defiende de los fascistas. Hay muchos ejemplos de cómo se destruye democráticamente la democracia con la manipulación electoral. Hoy millones tienen como fuente de información el Whatsapp, por ejemplo, y en Brasil, dos empresas lograron producir fake news, con perfiles automatizados. En algunos países entramos en una etapa de post-democracia. El capitalismo ahora promueve la idea de que no es compatible con la democracia, porque este capitalismo ya no es productivo.
-¿Qué alternativa de mundo plantean las fuerzas progresistas?
-Hay que reconstruir la democracia. Unir a las izquierdas. Que no pase como en Europa en los ’30, que cuando se unieron fue tarde. Necesitamos dos tipos de frentes, uno democrático y amplio, incluso con gente de derecha. Y uno de izquierda, sin muchos de sus dogmatismos y sectarismo. Debemos volver a la lucha anticapitalista. Ya no se habla del socialismo del siglo XXI en América Latina. Sólo aparece en EE.UU., con Bernie Sanders, con las mujeres, con los jóvenes que hablan que el “socialismo no es una palabra fea”. Hoy serían muy importante nuevas alianzas regionales, que justamente es lo que no quiere Trump.
-Hay también una creciente militarización de la región.
-Es un tema la reinstalación de bases militares. La militarización de la Amazonia en Brasil tiene una relación muy fuerte con lo que pase con Venezuela. No pudieron invadirla aún por la política chavista de distribución de armamento. Va a ser muy difícil entrarle y tomar el poder, aún cuando controlen Colombia, la Israel de América Latina. La relación: Israel tiene un gran poder, domina la Casa Blanca y quiere destruir a Irán, a su vez, cliente de China.
-Usted disertó sobre cómo hablarle al 1% que maneja la mayor parte de las riquezas.
-Nehru estaba a favor de la reforma agraria en India, pero Gandhi no, decía que al ser hindúes, por lo tanto religiosos, los convencería de donar sus tierras, sin necesidad de reformas estatales. Soy muy gandhiano pero no en este caso. No se le puede pedir al 1% que manejan las riquezas que las distribuyan.
-No es nuevo la distribución de la riqueza y de los saqueos de los recursos naturales.
-Claro, los colonialistas ya lo hicieron bien. Ahora, a otra escala, van por lo que queda. ( Extractado de Tiempo Argentino).