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La derecha alborotada

El impuesto a las grandes fortunas ha abroquelado a la derecha política, económica y mediática en una furiosa cruzada contra el gobierno nacional y en defensa de una ultra-minoría ultra-rica. Los legisladores del Frente de Todos que elaboraron el proyecto aclararon que apenas 12 mil personas deberán aportar por única vez a un fondo que tendrá como objetivo primordial atender las gravísimas secuelas del Covid-19.
El griterío de los sectores más pudientes no hacen más que darle la razón a la canciller alemana Angela Merkel, quien le dijo al presidente Alberto Fernández: «nunca entendí por qué los ricos argentinos no pagan más impuestos». Esa certera observación acaba de ser confirmada ahora con este rechazo visceral de quienes tienen espalda de sobra para pagar esta contribución ante una emergencia sanitaria excepcional.
El argumento de que Argentina es el país con mayor carga de impuestos es una falacia. Los estudios de los economistas no ortodoxos desmienten con números esa consigna y muestran, además, que, en relación con sus ingresos, los más humildes soportan una carga fiscal más elevada que los más pudientes.
Tampoco dice nada la derecha sobre la Argentina que dejó el gobierno de Mauricio Macri: un país más desigual a causa de que promovió una mayor transferencia ingresos desde los sectores medios y bajos hacia los más altos. De tal modo profundizó el desbalance histórico entre ambos extremos de la escala. La reducción del Impuesto a las Ganancias a las grandes empresas y del Impuesto a los Bienes Personales -los pocos gravámenes progresivos que obligan a aportar más a quienes más tienen- fue decisivo para agudizar el problema. Pero también lo fue el brutal aumento del desempleo, la gran caída del poder adquisitivo del salario y los tarifazos a los servicios públicos entre otras calamidades que sumaron sus efectos para incrementar los niveles de pobreza e indigencia a extremos pocas veces vistos.
Esa pesadísima herencia fue la que recibió el gobierno del FdT que, a los tres meses de asumir, se vio impactado por la llegada del Covid-19 al país. La debacle económica y el mega endeudamiento provocados por el macrismo dejó exhausto al país. De ahí que, para afrontar la epidemia, resulte incomparable la capacidad de reacción de Argentina frente a naciones que no sufrieron semejante quebranto de su economía. Esto último es ocultado por los grandes medios porteños en sus análisis de la crisis provocada por el coronavirus en todo el mundo.
La alternativa presentada por Juntos por el Cambio: una «contribución» del 30 por ciento durante un año a los salarios de funcionarios públicos, desnuda la pertenencia de clase y los intereses que defienden. Pero también implica un enorme desbalance. El impuesto a la riqueza oscila entre el 2 y el 3,5 por ciento de las fortunas más grandes del país, y por única vez; esta opción, en cambio, les quita casi un tercio de los ingresos a personas que, en su amplia mayoría, pertenecen a la clase media y tienen en su sueldo el único ingreso.
Además de apuntalar el relato de la antipolítica esta propuesta busca beneficiar, al igual que lo hizo Macri bajo su gobierno, al exclusivo club de los más ricos.