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La derechización social y los medios hegemónicos

PUNTO DE VISTA

El aislamiento social produjo que la mayoría de la población esté más mediatizada que nunca en la historia humana. Si bien el grado de conexión varía según la posibilidad de conectividad de cada unx, la interacción a través de los medios de comunicación hoy es innegablemente más fuerte que nunca. De la misma manera, las relaciones humanas de personal-mentes, más reducidas que pocas veces en la historia.
En este contexto, es una caracterización casi de sentido común que la derecha viene ganando terreno a partir de la aparición del Covid 19 en Argentina. Sin embargo habría que hacer un zoom en el debate mediático por un lado y la disputa de sentido social por otro.
Puede rechazarse que es un error separar el análisis mediático por un lado del análisis de lo social por otro, pero lo que se intenta es advertir que en tiempos en que se limita el cara a cara y el boca en boca, la distancia entre el debate social y el debate mediático puede distanciarse en extremo. Incluso, también puede interpretarse que en tiempos de distanciamiento social los medios ejercen mayor manipulación sobre los individuos. Pero como mínimo debemos tener en cuenta esta particular Situación de Aislamiento Mundial, donde el error más tonto sería caracterizar la derechización social por la sola observación de las operaciones mediáticas.
Uno de los ejemplos que se usa para argumentar la derechización es el retroceso de la expropiación de la empresa aceitera Vicentín, porque al parecer el Presidente no contó con el suficiente apoyo social. Primero vale aclarar que Fernández no contó con el apoyo de los grupos empresariales, y de la Justicia, (ya que ambos dependen más del capital trasnacional que de los intereses nacionales). Pero si nos limitamos a nuestro análisis conviene destacar que no contó con el apoyo popular; por la obvia pero no tan mencionada razón de que el pueblo no pudo movilizarse, ya que responsablemente respetó la cuarentena.
A decir de las encuestadoras más respetadas, Alberto Fernández cuenta hoy con alrededor del 70% del apoyo de la población, y haciendo hincapié en ese eje, varios analistas explicaron con datos duros que quienes marchaban contra la cuarentena en meses anteriores no superan un mínimo de adherentes, pero que tenían mucha prensa. El 17A puede haber potenciado la movilización de la derecha, de manera cuantitativa y cualitativa, aparte de haber potenciado la pandemia, obviamente. Pero no deja de ser una consecuencia del fogoneo intenso del monopolio mediático y el partido Cambiemos, a la que el radicalismo sigue sin chistar.
Por el contrario, la fuerza social de lxs de abajo, que en las urnas mayoritariamente se expresó con el Frente de Todxs ganando en primera vuelta pero que sienta sus bases más allá de esa alianza, radica en la movilización popular. Y esta fuerza que no tiene prensa, permanece autocensurada por la responsabilidad de quienes piensan en el otrx, en todxs, y no quieren salir a contagiar masivamente.

Movilización.
Aquellos que convocan a concentrar a miles de personas no están pensando en el otro, así como se manifestaron los neonazis en Alemania, semanas atrás. El periodismo de guerra del monopolio insiste en que se movilice para que se contagien más personas y así «argumentar» que la cuarentena no sirve. El festejo en TN del joven Leuco cuando aumentaba el número de fallecidos, grafica en vivo y en directo esa metodología.
Pero calma, el fascismo de una sociedad crece cuando cree que está ganando. Un texto clásico de la Opinión Pública como la Espiral del Silencio de Noelle Neumann, describe cómo los «diletantes» se van sumando a la posición ganadora, pero retroceden abruptamente si no ven que se gana fuerza. Si solo pueden movilizar ellos, y si los medios de comunicación son de ellos, es bastante obvia la ecuación.
No se pretende aquí subestimar la fuerza de la derecha sino de separar algo las aguas para esclarecer un poco, y ver por qué andan tan turbias. Pero habría que ver si la marcha de los anticuarentena sería la misma si el pueblo se manifiesta y deja en evidencia a aquella minoría movilizada.
Una de las lecciones que nos dejó la Pandemia es que sin las personas, el sistema no funciona; más allá de los medios de producción y de difusión. Quizás no sea la clase trabajadora del siglo pasado, quizás no sean las organizaciones tradicionales quienes protagonicen un cambio social, y seguramente el rol del sistema financiero será cada vez mayor, pero por más que el discurso posmoderno lo intente, no podrá borrar de la historia la palabra Clase. La economía mundial capitalista se mueve porque unxs trabajan y otros se apropian de la mayoría de la riqueza, pero hoy en esta lucha el pueblo está aprendiendo a establecer vínculos de otra manera. Surgen conexiones alternativas a los grandes medios de comunicación, ayudados con la tecnología 2.0 millones se reúnen a miles de kilómetros, y producen información contrahegemónica. Así crecen cientos de recursos comunicativos que nos permiten batallar contra el centralismo, la burocracia, y el poder opresor de los medios dominantes. Millones se Tapan la Boca Pero No Se Quedan Callados, y la comunicación nos ayuda a ser más creativxs y esperanzadorxs, para que de la pandemia no salgamos más sólxs sino más solidarixs.

Darío Giavedoni
Licenciado y Profesor en Comunicación.