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La desigualdad entre nosotros

La peor enfermedad que hoy afecta a la sociedad humana no es el Covid-19 sino la desigualdad. Esta afirmación puede molestar a muchos pero es muy sencillo explicarla. En ocho meses la pandemia ha provocado la muerte de unas 800 mil personas en todo el mundo, pero según datos de Unicef y la OMS mueren más de 3 millones de niños por hambre todos los años. Y mientras tanto, en los últimos lustros, la riqueza acumulada por la minoría más opulenta ha alcanzado extremos pornográficos. Según Oxfam, la organización que mide la desigualdad en el planeta, apenas 2 mil personas tienen más dinero que el 60 por ciento de la población mundial.
Pero una cosa es lidiar con esta realidad sublevante mirando informes estadísticos y otra muy distinta es sufrirla en la propia comunidad de pertenencia. Desde luego, nuestro país y nuestra provincia, productores de alimentos por excelencia, están muy lejos de aquellos números de pesadilla, sin embargo la desigualdad tiene otras formas de manifestarse; menos crueles pero igualmente claras.
Un reciente informe de la Secretaría de Hacienda de la Municipalidad de Santa Rosa permitió saber que apenas 670 propietarios adeudan más de 150 millones de pesos en concepto de tasas por los servicios que presta la comuna. Todos ellos tienen una característica en común, poseen más de cinco inmuebles, por lo tanto son los más acaudalados de la ciudad. Ese número significa, aproximadamente, el 0,5 por ciento de los habitantes de Santa Rosa, lo cual nos da una idea muy clara no solo de la concentración de propiedades sino también de la acumulación de deudas con la comuna. Otro dato refuerza esta apreciación: ese gran monto adeudado equivale a dos meses de la recaudación total por tasas municipales.
Resulta evidente que este problema no es nuevo y que son muchas las administraciones municipales que hicieron la plancha con él. La ausencia de una política recaudatoria enérgica se remonta a varios años atrás, de lo contrario no se explica cómo se dejó crecer a semejante nivel el endeudamiento del sector social más pudiente, el que no puede alegar problemas económicos para incumplir sus obligaciones de pago.
Hubo un tiempo en que Santa Rosa era la única comuna de la provincia que podía sustentar el funcionamiento de su municipio con la recaudación propia. Pero eso es historia vieja. La fuerte crisis del final de la Convertibilidad terminó con ese «privilegio». En los años siguientes, con la bonanza económica que llegó de la mano del kirchnerismo, se logró recuperar solo parcialmente los niveles de recaudación, pero nunca fue lo mismo. Ultimamente, el desastre económico que provocó el macrismo volvió a hundir los índices de cumplimiento y la llegada del Covid-19 no hizo otra cosa que empeorarlos.
Es evidente que la pandemia profundizó las desigualdades socioeconómicas, no todos los sectores sufren sus consecuencias con la misma intensidad. Las autoridades municipales no desconocen esta situación, de ahí que se aguarde de ellas un enfoque de la morosidad que tienda a emparejar las cosas. En pocas palabras, que se empiece a exigir más a quienes tienen mayor capacidad de respuesta.