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La épica autonomista

LA SEMANA PAMPEANA

I – Han pasado 90 años desde que un intendente socialista le otorgó a la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa Limitada la concesión del servicio eléctrico de la ciudad. En aquellos años, el servicio era prestado por una poderosa multinacional de origen norteamericano, la Sudam, contra cuyo monopolio se alzó la voluntad del vecindario santarroseño dispuesto a enfrentarla. Pero toda la voluntad del vecindario no hubiera logrado canalizar su aspiración si no hubiera mediado la voluntad política de la comuna socialista de apoyar y dar curso a esa idea que tomaba forma en la pequeña ciudad para terminar con la explotación monopólica del servicio.

II – Has pasado, decimos, 90 años, y la decisión del gobierno nacional de otorgarle a la sociedad estatal-cooperativa pampeana la licencia para operar el servicio de telecomunicaciones abre, como ayer, la puerta para la irrupción en el mercado monopólico multinacional de una nueva ruptura en el modelo de negocios que el neoliberalismo impuso en la Argentina en los 90 a imagen y semejanza que, en aquellos años lo hacía el crudo liberalismo, padre de este engendro que hoy domina la escena económica nacional.

III – Es un buen momento para reflexionar sobre el largo camino recorrido desde aquél inicio en tiempos territorianos de la tenaz aspiración pampeana de autogestionar sus servicios y cerrarle el paso a quienes solo ven en los habitantes de esta provincia, usuarios a quienes extraerles parte de sus ingresos. Aquellos inicios lo fueron en tiempos en los que ni siquiera teníamos ciudadanía política plena. No elegíamos más que nuestros jefes comunales y sus concejales y nos estaba vedado el voto a gobernador pues éramos un territorio dependiente del Ministerio del Interior que mandaba aquí a políticos en ascenso o descenso para ocupar el cargo de gobernador.

IV – En esa posición desventajosa fue que se forjó el cooperativismo pampeano y con él la épica de la lucha contra los monopolios multinacionales y nacionales en la prestación de los servicios. Esa voluntad, nacida en los pocos espacios que quedaban en una provincia donde sus habitantes estaban privados de expresar su voluntad en la elección de su representante político, fue, de algún modo y por otros carriles, una batalla ganada hacia la autonomía política aún antes que la provincia lograra su autonomía en 1952. El movimiento cooperativo eléctrico que desplazó a la Sudam debe ser leído, veinte años antes de la provincialización, como el gran paso en la creación de una conciencia política donde la autonomía no era solo política, sino, y principalmente, económica. El cooperativismo contribuyó decisivamente en la creación de esa masa crítica de ciudadanos convencidos que la verdadera autonomía no era solo la lucha por el cargo de gobernador (una confusión a la que contribuían los «autonomistas» que no lograban disimular que detrás de sus discursos subyacía su autopostulación como candidatos a la primer magistratura provincial una vez lograda la concesión nacional a ser provincia).

V – El camino de la recuperación popular de los resortes de la economía que encarnó en sus inicios el cooperativismo eléctrico fue el gran programa hasta hoy inconcluso de aquélla generación que no se conformaba con la provincialización si ésta se agotaba en la instauración de un modelo político que replicara el programa de dominación imperante en el país de entonces. Más aún, desconfiaba de la provincialización política pues conocía de sobra el paño político de esa década conocida con el apodo de «infame» y su instrumento más eficaz en la usurpación de la voluntad popular que fue el «fraude patriótico».

VI – La licencia que hoy, noventa años después, le otorga el gobierno nacional a la empresa estatal-cooperativa sigue la línea de aquél proyecto de autonomía que el vecindario escribió con sus luchas, su trilladora, su «leña Savioli» y luego con su tarea de difusión y expansión en toda la provincia del modo de gestión cooperativa. Aquél proyecto iba más allá de la mera autonomía política a la que sabía hueca si no se la dotaba de contenido, de sustancia, de ingerencia en la vida cotidiana de las mayorías populares con medidas de recuperación de los servicios. Luego de tantos años de luchas por los celulares cooperativos, es bueno una reflexión sobre el camino emprendido para no perder de vista cuál fue el programa que puso en marcha esta épica pampeana. (LVS)