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La epidemia como excusa

El hostigamiento al gobierno nacional por parte de la derecha política, mediática, empresaria e intelectual viene arreciando y tuvo un nuevo pico días atrás con la publicación de una carta firmada por reconocidas figuras del ámbito cultural. Allí se pudo leer una serie de arengas temerarias como: «la democracia está en peligro», y afirmaciones alejadas de la verdad: «la primera reacción del gobierno argentino fue negar la existencia del problema». También hubo comparaciones de las medidas sanitarias adoptadas por el gobierno con la doctrina de «la seguridad nacional» y se habló de «infectadura» con una liviandad inexplicable en argentinos. Por último, la exigencia de un «plan de salida» de la cuarentena social llegó tarde en casi todo el interior del país, como bien lo sabemos los pampeanos.
El documento, firmado por unas trescientas personas, fue respondido por otro suscripto por más de quince mil, en donde se sostiene que «la declaración temprana de la cuarentena logró resultados positivos» al permitir que «en 21 provincias los casos se redujeran prácticamente a cero», y se alerta por la situación en el AMBA y Resistencia, Chaco. También enfatiza que, al comparar con otros países de la región, Argentina «obtuvo los mejores resultados en el control de la pandemia» y que ante la falta de vacunas y tratamientos efectivos «la cuarentena es una medida excepcional» que «se vuelve una herramienta clave».
Una primera mirada de ambos documentos permite registrar de inmediato la existencia de dos posturas antagónicas ante el mismo problema: la pandemia y las medidas adoptadas por el gobierno. Pero, a la vez, ambas posturas expresan mucho más que una mera divergencia sobre un problema sanitario para adentrarse en un debate mucho más profundo: la conducción del Estado, los sectores que pugnan por imponer sus intereses y la forma de administrar la tremenda crisis que sacude al país y que tiene un doble origen: la irrupción de una enfermedad desconocida, desde luego, pero también la pesadísima herencia que dejó la experiencia neoliberal macrista con su secuela de pobreza, desempleo, destrucción del aparato productivo y endeudamiento externo asfixiante.
La derecha mira para otro lado cuando se habla de la segunda causa de la crisis, porque fue responsable directa de ella. De ahí que prefiera apuntar sus cañones sobre la primera y discursea como si el país hubiera estado en la más normal de las situaciones para afrontarla. Tiene grandes ventajas a la hora de plantear el debate en la arena política: los medios de comunicación más poderosos están a su disposición y operan muy fuerte a su favor. Y no siempre con juego limpio. La difusión de imágenes de una violenta manifestación en Chile por el canal TN del Grupo Clarín, presentadas como pertenecientes a un acto de protesta en el partido de Quilmes, en el Conurbano bonaerense, habla de la ausencia de límites éticos en la tarea de informar. Especialmente porque siempre, sin excepción, los «errores» benefician a una parte y perjudican a la otra. Las «fake-news» no son neutrales, y menos en la Argentina de estos tiempos de medios hiperconcentrados.