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La «epidemia» que inquieta a Biden

Diversas instituciones que trabajan en base a la consulta de estudios estadísticos dieron a conocer conclusiones francamente estremecedoras con respecto a la posesión de armas en manos de la población de los países del mundo. Este diario publicó días atrás un artículo relativo al síndrome de violencia que se manifiesta en la población de los Estados Unidos de Norteamérica que, desde hace ya muchos años, termina con frecuencia en matanzas abiertas, con individuos que sienten la pulsión de matar y cuentan con increíbles facilidades para adquirir armas de todo tipo y calibre en negocios que no exigen demasiados requisitos.
Más allá de los veinte mil muertos a tiros y veinticuatro mil suicidios que registró ese país, no deja de resultar irónico que la pandemia de Covid-19 contribuyó a la disminución de los asesinatos masivos -igualmente hubo tres «menores» en las últimas semanas- al despoblar las áreas de posibles blancos humanos.
Bromas y comentarios irónicos son los que reciben desde hace muchos años los mejicanos como pueblo amante de los tiros pero, en verdad, esa dudosa distinción les cabe mucho más a sus vecinos estadounidenses, que en la materia registran un récord mundial. La relación entre sus habitantes y las armas que poseen -solo las reconocidas- da un promedio que espanta: un 120 por ciento, es decir que hay más armas que gente.
Más que inquietar asusta la cantidad de armas que maneja el pueblo estadounidense, cantidad largamente superior a los promedios de otras naciones, varias de ellas con tradición histórica de violencia. Por cierto que no todos los números son lineales y que hay personas que no son afectas a la posesión de armas pero, para compensar y confirmar la preocupación que este fenómeno provoca, hay otras que cuentan con varias.
Como ya se ha señalado, especular acerca del origen de la afición por la violencia que manifiestan los norteamericanos, evidenciada en su apego por las armas, no es difícil. Al igual que otras naciones de América surgieron de largos conflictos bélicos con las metrópolis coloniales, pero la diferencia está en que, ya institucionalizado como país independiente, los mantuvieron constantemente. Los Estados Unidos prácticamente han vivido siempre en guerra desde su misma independencia. Pero además hasta la propia ley fundamental que los rige -su Constitución nacional- les otorga a los ciudadanos el derecho de armarse para la defensa. Esas semillas han eclosionado y producido fuertes raigambres, tanto que el más liberal de los dos partidos que sucesivamente rigen el país, el Demócrata, viene bregando desde hace años por leyes y reglamentos que limiten el acceso a las armas. En tanto su tradicional adversario, el Partido Republicano, se muestra remiso a la iniciativa, apoyado por el enorme poder de las grandes compañías fabricantes de armas que no solo abastecen el mercado interno fuertemente demandante sino que también exportan a todo el mundo su producción.
Por estas horas el presidente norteamericano calificó de «epidemia» la violencia con armas de fuego en su país y anunció medidas para controlar su tenencia. No será el primer intento demócrata ni la primera oposición republicana.