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La fotografía del desprecio

La fotografía publicada por este diario días atrás obliga a reflexionar muy seriamente con relación al viejo drama del oeste pampeano. El cauce del río Atuel absolutamente seco no es una imagen novedosa para nosotros; se ha repetido durante mucho tiempo -años y décadas- provocando reacciones de distinto tipo. Sin embargo la que comentamos se diferencia notoriamente no por el paisaje que muestra sino por las circunstancias que la enmarcan: el conflicto sobre la interprovincialidad del río y una parte de los caudales que le corresponden a La Pampa ya resuelto por una sentencia emitida por el máximo tribunal del país: la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
El desinterés -y la desobediencia- que manifiesta la provincia de Mendoza en este caso ya resulta inadmisible, tanto en un sistema federal como el que tiene la república como en la relación entre provincias vecinas: Mendoza no se aviene a efectivizar las sueltas de agua, no quiere ni oír hablar de un comité de cuenca, cuya conformación también ordenó la Corte Suprema y, en el colmo del descaro, ya hace futuros planes de uso del agua del río sin mencionar siquiera los derechos que le corresponden a los argentinos de aguas abajo. Por el accionar de los cuyanos parecería que más de un siglo de extracción de hecho, y siete décadas de apropiación efectivizada por la indolencia de Nación, han creado una especie de supra derecho mendocino que está por encima del interés común que determina la Constitución Nacional. Se diría que la absurda amenaza que lanzaran tiempo atrás en cuanto a separarse del Estado argentino para formar un país aparte va bastante más allá de una mera baladronada y cuenta con el consentimiento, explícito o no, de ciertas jerarquías.
También el gobierno pampeano queda desairado con la fotografía en cuestión y todo lo que de ella se desprende. Cumpliendo puntualmente con los pasos ordenados por la Justicia, refutando en forma cabal y efectiva los sucesivos argumentos cuyanos, a veces con ingenuidad, La Pampa no ha recibido más que desaires que bien podrían tomarse como ofensas a nuestra entidad como Estado federal.
¿Qué es lo que persigue la necia actitud cuyana; la discusión indefinida, en el tiempo y en los costos, de unas imprecisas obras en la parte inferior del río, mientras ignora cualquier estudio similar en la alta cuenca? ¿Un boicot por parte de La Pampa que perjudicaría ambas provincias y que, cuando se consideró, causó tanta alarma en el sur mendocino? ¿Una acción reivindicativa, no muy conocida y finalmente desestimada, como la que tuvo lugar muchas décadas atrás? La respuesta positiva a cualquiera de estos planteos aparece como muy negativa para los intereses del país. Además Mendoza se esmera en mantener un segundo frente en la cuenca del río Colorado que tiene muchos vínculos con el conflicto del Atuel, aunque en ese caso no enfrenta a una sino a cinco provincias.
No parece exagerado calificar a la situación como insostenible, así como bregar para que los gobiernos nacional y pampeano refuercen el reclamo sin que pase demasiado tiempo, lo que desnudaría la actitud cuyana de prolongar sine die una situación indefinida en el tiempo.