La “grieta” muy lejos de retroceder

Los periodistas estrella de la TV y de los grandes diarios porteños suelen entretenerse hablando de la “grieta” y culpabilizando al pasado kirchnerista. Sin embargo para estos entusiasmados oficialistas de hoy, y enconados opositores de ayer, la “grieta” se reduce exclusivamente al discurso, a la lucha política, nunca a la economía o a las relaciones sociales. Es que admitir la segunda posibilidad los llevaría a un terreno muy difícil para sus piruetas verbales: el de las consecuencias de la política económica del macrismo que, éstas sí, ampliaron ostensiblemente la “grieta” entre los poderosos y los débiles, entre la elite económica y los sectores populares.
En los últimos días coincidieron varios informes periodísticos en dar cuenta de cómo se están profundizando las diferencias que separan a quienes están parados a ambos lado de la famosa “grieta”. Según datos de la Cámara de Comercio Automotor la venta de vehículos usados cayó casi un 15% entre enero y agosto con relación al mismo período del año pasado. Este dato se contrasta con la evolución favorable de la venta de automóviles nuevos de alta gama, lo cual es indicativo de un pasar muy distinto entre los sectores altos con respecto a los medios y bajos de la sociedad, un resultado innegable de las selectivas políticas del macrismo.
Otra información periodística de los últimos días revela que la paralización de las políticas ferroviarias ha dejado a más de cien localidades sin el servicio de trenes en las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y La Pampa, ocasionando mayores perjuicios a los sectores populares que a los pudientes.
En este breve muestrario puede mencionarse el reciente proyecto para modificar a largo plazo la aplicación del Impuesto a las Ganancias a los asalariados en lugar de proceder a su eliminación tal como prometió el macrismo en su ruidosa campaña electoral. Según dijo el ministro de Hacienda aquella promesa no se puede cumplir porque provocaría una “desfinanciación” del Estado. Sin embargo ese cuidado por las arcas públicas estuvo ausente cuando, apenas asumió el nuevo gobierno, eliminó de un plumazo y en tiempo récord las retenciones a las exportaciones del complejo agroexportador y de las compañías mineras, dos de los sectores económicos más poderosos.
A esta síntesis de informaciones surgidas en los últimos días pueden sumarse muchas otras anteriores que apuntan en la misma dirección política: benefician a los actores económicos más concentrados y perjudican a los más vulnerables. Por solo citar algunas: despido de centenares de miles de empleados públicos y privados, registrados y precarizados, pérdida del poder adquisitivo de los salarios por paritarias que fueron ampliamente superadas por la inflación, caída de las jubilaciones por la misma causa, zozobra y cierre de infinidad de Pymes -las principales generadoras de empleo privado del país- ahogadas por la apertura de las importaciones y la abrupta caída del mercado interno.
Es evidente que aquella meneada “grieta” discursiva que le endilgan al kirchnerismo devino hoy en una “grieta” económica mucho más dañina y con claros ganadores y perdedores. Aunque los grandes medios la disfracen con sus abalorios.

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