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La guerra de Malvinas bajo el prisma de la perspectiva de género

INVISIBILIZACION DE LAS MUJERES EN EL TEATRO DE OPERACIONES

El feminismo incluye entre sus rescates las historias de las mujeres que también vivieron la guerra de locos, para que ocupen el lugar pospuesto.

VICTORIA SANTESTEBAN*

El feminismo echa luz sobre las historias oficiales que invisibilizan y postergan, que ocultan y demonizan, que resumen la realidad con recortes que subestiman a los pueblos, para vanagloriarse con laureles inventados. Malvinas reversionada incluye las voces de las mujeres que también vivenciaron el horror de la guerra.

Historia patriarcal.
Por los siglos de los siglos, la historia mundial ha sido contada a gusto y conveniencia del hombre encargado de versionarla: el blanco, heterosexual y con alguna que otra moneda. Este recorte oficial que hace las veces de cuento funcional a los patriarcas, se repitió junto con los padres nuestros en las aulas pretendidamente laicas de nuestra madre matria. Y entre tanta redacción exagerada, de héroes y batallas, los y las históricamente marginadas también vivieron la invisibilización en esos manuales ilustrados en los que se buscaron infructuosamente. Por fin a esos hechos tan recortados que muestran su hilacha de disfraz salvador de papas y dudosos honores, ahora se los revisa con la lupa detectora de racismo, machismo y xenofobia. Malvinas no escapó a esa edición intencional que invisibilizó, además del horror, a las mujeres que defendieron a la matria captada por su dictadura más sangrienta. Para devolver a la memoria una versión de los hechos que se deje de cuentos, feminismo desempolvador de nombres, rostros e historias.

Reversionar Malvinas.
La invisibilización de las mujeres en la historia ha sido recurso harto utilizado por los varones redactores. La historia argentina no es ajena al recurso historiográfico de ocultamiento de las mujeres en hitos trascendentales de nuestra matria. Así, el rol siempre secundario de la mujer patriota se resumió en el bordado de la bandera, la preparación del mate cocido y la organización de tertulias para cantar el himno. Los relatos que rescataron al campo de batalla como lugar de exclusividad masculina invisibilizaron de tal forma a las mujeres que la mismísima Juana Azurduy debió esperar 100 años para su aparición oficial en la historia independentista. Más aquí en el tiempo, el disparate sangriento que importó la guerra de Malvinas en su versión genocida también se correspondió con ese estilo literario de batallas y exigió a sus sobrevivientes el silencio, arrojándol@s desconcertad@s a la total marginalidad, que en el caso de las veteranas fue tan extrema que las borró por completo del mapa, negando hasta nuestros días su participación. La historia en crudo del horror continúa desconociéndose hoy, a 39 años de ese 2 de abril y la visibilización de las mujeres en las islas es parte de esa versión de los hechos necesaria para el ejercicio del derecho a la verdad, a la memoria y a la justicia. Chicos combatiendo en zapatillas, el frío y el hambre más australes del mundo, las torturas de los oficiales terroristas que hacían dudar si acaso no sería mejor ser prisioneros de los ingleses, las adolescentes y mujeres que oficiaron de enfermeras, hermanas y amigas cuando recibían a los compañeros heridos que pedían por sus madres. Reversionar Malvinas ha importado dar lugar a los relatos postergados que se guardan por culpa y vergüenza, y que fueron apareciendo en una Argentina más empática y presta a asumir su responsabilidad en el manotazo de genocidas ahogados que fue Malvinas.

Veteranas.
El revisionismo sobre Malvinas con perspectiva de género exhorta al reconocimiento oficial de las mujeres en la guerra, lugar de extrema exclusividad masculina, donde los estereotipos de género desparramados a sus anchas arengan a la demostración de virilidad con el uso de la fuerza y el ocultamiento de las emociones y las lágrimas. El recorte de la foto en la que aparecen las veteranas es de tal evidencia que a 39 años de Malvinas y en plena revolución feminista, el 2 de abril de 2021 continuó leyéndose con lenguaje excluyente, que sólo llamó al recuerdo de los veteranos y caídos. El feminismo incluye entre sus rescates las historias de las mujeres que también vivieron la guerra de locos, para que ocupen el lugar pospuesto, para que sean las contadoras del cuento de terror del que temieron ser responsabilizadas por la superstición machista de la mala suerte de las mujeres embarcadas. Las mujeres en las islas cumplieron con el rol de género de maternar y cuidar, dando cuenta que entre todos los horrores vivenciados, la opresión patriarcal que confunde masculinidad con rudeza y veda los sentimientos para certificar la virilidad fue otra de las mochilas que se volvieron más pesadas lejos de casa. La intensificación de los roles de género en plena guerra ubicó a las mujeres en eternas cuidadoras y recordó que los hombres no lloran y que el que no se la banca es un maricón. La intimidad de las palabras que curan como las manos de quien nos toca para acariciar la piel triste y asustada, la vigilia silenciosa de quien acompaña el dolor del cuerpo y del alma del chico que extraña su casa, su novia, sus padres, la sabiduría de quien conjuga el amor por la profesión, por la patria, por el otro y la otra, la sonrisa que dice que todo está bien, el abrazo y el beso, el pecho de almohada que arrulla y ahuyenta los bombardeos. Los varones lloraron sin miedo y sintieron el hogar en las charlas con las compañeras que recién hoy se nombran. Al modelo imposible de masculinidad belicosa, ruda e insensible que no atina a sentir, a llorar, ni hablar de amor se lo combate con abrazos deconstruidos. Y a un pueblo más de una vez olvidadizo y reincidente, se le leen los cuentos basados en hechos reales, para ejercer soberanía, para autodeterminarse y vitorear los triunfos verdaderos, esos que incluyen, hermanan y emocionan hasta las lágrimas, que por fin también varones derraman sin vergüenza.

*Abogada, magíster en Derechos Humanos y Libertades Civiles.