La guerra permanente tiende a desbordar Medio Oriente

DOMINICALES

Es posible que las guerras del futuro no repitan el esquema de las dos mundiales del siglo XX.
Hay guerras de época. El futuro sólo puede ser anunciado de manera conjetural y como conjetura se puede decir que las guerras por venir serán del tipo que estamos viendo desde comienzos de este siglo: la guerra permanente, en la que los más poderosos no aparecen como protagonistas. La que se desarrolla en Siria está confinada en Medio Oriente y sus inmediaciones y ha tenido etapas en Palestina (desde el surgimiento del estado israelí) y en las tierras donde durante un largo tiempo predominaron los árabes, galvanizados por la predicación de Mahoma.
Los momentos significativos se dieron en Mesopotamia (Irak v. Irán, y luego la agresión a Irak por Estados Unidos e Inglaterra) y las sucesivas acciones occidentales en Libia y Siria. El saldo de estas guerras ha sido la destrucción de estados árabes que comenzaban a consolidarse luego del período colonial (de dominio europeo); Lo que había logrado Hussein en Irak fue aniquilado y el país no ha podido tener un gobierno que gobierne desde entonces. Libia se había unificado y desarrollado con otra dictadura, pero fue atacado y desde entonces es escenario de lucha de facciones. Siria, otra de las grandes culturas de Medio Oriente, también buscó la unificación por la vía de la dictadura y en este caso no fue atacada directamente por grandes potencias, pero éstas son protagonistas secretas de una contienda que ahora parece encaminarse hacia una posible victoria sobre el Estado Islámico, solo para restablecer un estado de cosas conocido: la lucha de un poder de corte dictatorial con divergencias internas que parecen irreconciliables y que siempre reflejan la influencia de los veteranos grandes rivales de la guerra fría: Estados Unidos, Rusia y China.

Turquía.
En estos días hubo un ensayo serio de golpe de Estado en Turquía y de inmediato un recalentamiento de las tensiones entre Ucrania y Rusia.
El presidente Erdogan, de Turquía, ha emergido con mucha fuerza propia luego del grave levantamiento militar. Erdogan demostró su ascendiente cuando pidió al pueblo turco que saliese a la calle, y éste pueblo salió masivamente y ayudó a abortar el golpe. Permaneció ocupando espacios públicos hasta esta semana, cuando Erdogan aconsejó que se retornara a la normalidad. Sin embargo, el presidente turco entendió que sus “amigos” de occidente le habían jugado en contra, por entender que la conspiración tuvo su cabeza en un predicador radicado ahora en Pensilvania, Estados Unidos. Además, notó que no tuvo en Occidente el apoyo franco que podía esperar de quienes se declaran aliados de Turquía.
El año pasado Turquía había jugado fuerte en Siria (participación más activa, derribo de un avión ruso), pero ahora el presidente entendió que el afán por ser miembro de la Unión Europea había permitido que los occidentales (la OTAN, EE. UU. y la Europa unida) había jugado a favor de los golpistas. Por eso, lo primero que hizo fue viajar a Moscú, zanjar el problema del avión derribado y acordar obras comunes, algunas de ellas demoradas por presión de la OTAN (la alianza militar de EE. UU. y Europa Unida). Quiso que los gestos de acuerdo con Putin alcanzaran notoriedad, como un aviso (¿final?) a los occidentales. Además reclama que Estados Unidos extradite al predicador turco que está en Pensilvania, para someterlo a juicio en Turquía. Erdogan ha dicho también que si el pueblo lo quiere, habrá que restablecer la pena de muerte. En tanto, está tratando de vaciar los bastiones pro occidentales de los kurdos y otros grupos existentes en Turquía, entre ellos los docentes de escuelas privadas. La popularidad de Erdogan subió 20 puntos (hasta casi setenta) y las opiniones desfavorables para su gestión cayeron hasta el 27 por ciento.

Ucrania.
Desde las agitaciones del año anterior, las relaciones entre Ucrania y Rusia
no se han compuesto y en estos días avanzan nuevamente hacia una crisis. El gobierno de Kiev (capital ucraniana) es ahora fuertemente prooccidental, pero la parte oriental de Ucrania está poblada por partidarios de la unión con Rusia. En la crisis anterior, Ucrania perdió la península más oriental, Crimea, cuya mayoría pro rusa se pronunció en este sentido. Otros sectores orientales tienen fuerte tendencia pro rusa y ahora Moscú advierte que Kiev jugará con fuego si avanza en un propósito de realizar actos terroristas en ese sector.
Puede que Ucrania exprese a occidente como réplica al giro que está dando (o amenazando) Turquía luego del frustrado y sangriento golpe militar.
Como se aprecia, es la guerra permanente. Jotave

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