domingo, 22 septiembre 2019
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La herencia de Macri y la cultura de la muerte

PUNTO DE VISTA

POR MIGUEL TANOS *
Tanatos en la mitología griega era el dios de la muerte frente a Eros el dios del amor. Empédocles, filósofo presocrático, fue quien expresó los dos principios básicos, que luego tomara Sigmund Freud, amor y discordia, es decir Eros y Tanatos. Eros tiende a unir y Tanatos deshacer y separar. Esta fantasía cósmica fue trabajada por el creador del Psicoanálisis para explicar la naturaleza de la sociedad humana.
Durante los últimos casi cuatro años de gestión del macrismo, esta pulsión de muerte se ha instalado como representación de la construcción de una filosofía de gobierno.
Los ejemplos de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel mostraron un desprecio por la vida y una celebración por la desaparición del otro.
También la entronización del policía Luis Chocobar, que mató por la espalda a un ladrón que escapaba, fue recibido por el presidente. Recientemente, se puede mencionar la defensa y justificación del agente que con una patada dio muerte a una víctima vulnerable e indefensa. Es que las fuerzas de seguridad tienen el amparo y la justificación para que la vida de los ciudadanos no sea un valor. Esta cultura no es exclusiva sino que se extiende. El caso de un jubilado muerto a patadas por custodios de un supermercado, por robar una botella de aceite, lleva al extremo esta doctrina letal.
Como si fuera poco, la actual «vocera» de la campaña de «Juntos por el cambio» no se cansa de tener la noción de muerte en sus expresiones cotidianas. «Gracias a Dios murió de la Sota», expresó en Córdoba. En la misma provincia, se peleó con periodistas y advirtió: «Se vienen las guerras entre bandas, los van a matar a ustedes».
En la catarsis del gobierno luego de la paliza en las urnas, en tono de sorna, dijo «yo era amiga del Gringo Soria, que decía mi mujer me va a matar y la mujer lo mató». Lo dijo a modo de chiste, en medio de las risas y aplausos de los presentes. En el mismo encuentro, gritó Carrió: «A nosotros no nos van a sacar de Olivos. ¡Nos van a sacar muertos!». Y también fue aplaudida por todo el staff de directores generales, subsecretarios, secretarios y ministros.
Además, en reiteradas oportunidades ella anunció que la iban a matar. En un reportaje con Pablo Sirvén, dijo: «¿Me quieren matar? Mátenme a mí y háganse cargo de las consecuencias. Yo estoy lista».
Entonces, por un lado tenemos una praxis de justificación de la muerte y la violencia, que lleva adelante las políticas de seguridad del gobierno nacional, con la excusa de mantener el orden y de eliminar todo peligro que afecte el status quo con la utilización de las armas letales para imponer una supuesta mano dura sin mirar las consecuencias.
Por otro lado, tan peligroso como el anterior, tenemos una exaltación mística de la muerte en el discurso de la «vocera de campaña», autoerigida en quien define de manera dogmática el bien y el mal en una sociedad. O peor aún, la vida o la muerte.
La vida tendría que ser el derecho más preciado de una sociedad, aún de los supuestos culpables. Es evidente que el macrismo ha exacerbado una concepción oscura y medieval para resolver los conflictos y las discrepancias sociales y políticas, desplegando pulsiones de destrucción y odio que se instalan en un sector de nuestra patria. Esta es una herencia tan grave como la económica que el próximo gobierno va a tener que desarmar promoviendo la tolerancia y el respeto por la vida como valor intrínseco a nuestra condición humana.

* Ex ministro de Educación de La Pampa.