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La huella del Covid-19: aplanadora de curvas

PUNTO DE VISITA

POR ALEJANDRO VILLARREAL
Y MANUEL WOLFSON *
Y una día nos tuvimos que quedar en casa porque nos dijeron que era la mejor forma de «aplanar» la curva. Y nos dieron muchas razones y explicaciones de porqué vernos menos ayuda a reducir los contagios. Queríamos profundizar aquí un poco sobre las curvas de contagio que se vienen utilizando para predecir el avance de la pandemia. Vamos directo al grano. Lo primero que hacemos es definir dos variables: Y = número de personas infectadas (o casos) y X = días desde el primer contagio. A medida que corren los días, habrá (o no) distintas cantidades de personas infectadas. En épocas de pandemia sabemos que la variable Y irá aumentando mientras aumente X. Es decir, tendremos más casos con el correr de los días. Esto es un comportamiento de crecimiento el cual puede ser lento, rápido e incluso puede detenerse. La clave está entonces en controlar la velocidad de ese crecimiento. ¿Cómo? La variable X no se toca. No podemos avanzar, retroceder, ni frenar el tiempo (¡el tan preciado tiempo!). La variable Y es la que hay que entender cómo se construye, porque aquí es donde se puede meter mano (si nos permiten la expresión). Sabiendo que la variable Y irá creciendo (porque hay un virus dando vueltas), lo que importa controlar es la rapidez con la que crece y hasta dónde crece. La variable Y, es decir, el número de casos depende no solo de cuántas personas infectadas hay, sino también de cuantas se recuperaron. Entonces, contamos con dos «opciones» para «modificar el crecimiento de la curva»: controlar número de infectados y el número de recuperados. Cuando no existe un tratamiento específico, el número de personas recuperadas es muy difícil de controlar. En este caso se recurre a protocolos de internación y control que buscan dar tiempo al cuerpo a que resuelva la infección. Muchas veces no se logra. La opción que si se puede «manejar» es el número de personas infectadas. Que se pueda no significa que sea fácil. De hecho, no lo es y requiere de una cooperación extrema de toda la comunidad. Modelemos la situación. Supongamos que el contagio se da de una persona a una persona por día. Supongamos además que todo este lío empezó con una sola persona. Al día 1 habrá una persona infectada y al día 2 habrá 2 (se suma la primera infectada más la segunda). Al día 3 habrá 4 y al día 4 habrá 8 personas infectadas. Siguiendo este razonamiento, para el día 20 tendremos más de un millón de casos. A esto se lo conoce como crecimiento exponencial. Empieza creciendo tímidamente como quien no quiere la cosa y luego ¡detona!
Se supone que es difícil de entender, pero hagan las cuentas. Multipliquen por 2 la cantidad de cada día y el resultado es el del día siguiente. Tengamos en cuenta que el número real es algo menor al calculado porque hay que restar personas recuperadas. Si no se hace nada, eventualmente la curva alcanzará un pico (muy alto) y luego empezaría a bajar, porque básicamente, entre infectados y recuperados no quedaría población susceptible a infectarse. El primer problema que surge es que el pico de número de casos va a estar muy por arriba del número de camas disponibles en los hospitales y centros de salud. Entonces, hacer que ese pico no se alcance es lo ideal para no saturar el sistema (aplanar la curva). Pero el sistema de salud ya estaba al borde de la saturación antes de la pandemia. Entonces, otra estrategia es la de enlentecer el crecimiento de dicha curva a modo de alcanzar el pico más adelante. Esto da tiempo a conseguir camas, respiradores, formar personal de salud, etcétera, y eventualmente generar vacunas o algún tratamiento. Otra consecuencia de alcanzar picos altos es que del total de personas infectadas, habrá un porcentaje (en principio, bajo) que lamentablemente va a morir, pero si el sistema de salud está saturado este porcentaje se va a ver incrementado enormemente. Entonces, hasta tanto no exista una vacuna o antídoto, las recetas son las de siempre. Las que ya deberíamos haber aprendido. Dicho de otra manera: lavándonos bien las manos, usando barbijo si toca salir y claro, respetando la verdadera aplanadora de curvas: la cuarentena. Esta no podrá ser mantenida para siempre y cuando salgamos, hagámoslo con cuidado. Sólo para lo necesario. Sólo quienes necesiten hacerlo.

* Doctores en Biología, Investigadores del Conicet. Universidad de Buenos Aires.