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La Iglesia Católica pierde feligresía

Disimulada por el vertiginoso acontecer del país y de Latinoamérica la semana pasada asomó en algunos medios de comunicación una noticia reveladora: una encuesta reveló el notable cambio del vínculo de los argentinos con la religión mayoritaria durante la última década, extensivo también a temas relacionados como el aborto y la educación sexual.
Los cambios detectados en el estudio realizado por el Conicet se manifiestan de distintas formas: desde la falta de fe en creencia alguna hasta -lo más llamativo- el abandono del catolicismo para adscribir a alguna de las ramas protestantes. Esto último en cifras impactantes -15 por ciento- dentro de una feligresía que aún sigue siendo en su mayoría católica.
¿Qué pudo llevar a un país de credo definidamente mayoritario a esta merma de la fe católica, paradojalmente cuando, por primera vez, el Sumo Pontífice es un argentino? Las respuestas a esa pregunta son múltiples, lo mismo que la interpretación de las causas y motivaciones, que van desde un simple cambio de actitud de los creyentes en su relación con la divinidad hasta la acción concertada de un programa supranacional destinado a contrarrestar las crecientes formas de la Teología de la Liberación, que tanto se habían expandido a partir de los años sesenta del siglo pasado. Aquella postura de una Iglesia militante, enfrentada con los moldes tradicionales del capitalismo, llegó a tener un ejemplo extremo en el hoy casi olvidados sacerdote guerrillero Camilo Torres y todavía se manifiesta entre nosotros con el grupo de curas en opción por los pobres.
El espectacular avance de las iglesias evangélicas, según algunos analistas, se debe a una forma de acción más directa y efectiva sobre los problemas cotidianos, con aportes materiales concretos además de la consabida acción doctrinaria. Estas interpretaciones, discutibles o no, se afirman en la evidencia de los números y de una realidad que proporciona la interpretación puntual de la Biblia y una presencia de ayuda directa a los necesitados y gente de condición más humilde.
Sería ingenuo no señalar los considerables recursos económicos que respaldan a estos nuevos grupos religiosos que les permiten erigir enormes y vistosas instalaciones edilicias y avanzar con notable presencia en los medios de comunicación. De no ser por la un tanto curiosa explicación de las donaciones y transferencia de las sedes principales el tema no ha tenido respuestas claras.
Lo cierto es que, más allá de los aspectos exteriores, la encuesta conocida ahora ha puesto en blanco sobre negro un muy serio problema que afecta a la Iglesia Católica argentina: la merma de su feligresía. La circunstancia se suma a otras de fuerte desprestigio de esa confesión, como los resonantes casos de pederastia, los manejos financieros y las nuevas formas de los diáconos que despiertan gran oposición en el Vaticano de ciertos grupos conservadores enfrentados a la acción del Papa Francisco.
No parece exagerado pensar que en estos momentos, por debajo de sus capas superficiales, un sismo de proporciones sacude a la Iglesia Católica argentina.