La justicia enfrentada a su propia negligencia

LA SEMANA PAMPEANA

I – La justicia pampeana vivió con espanto en la semana el intento de una mujer de suicidarse frente a un ministro del Superior Tribunal de Justicia. La sociedad espera que esa conmoción le sirva para tomar conciencia de los conflictos que crea al resignarse por negligencia o incapacidad, a no dar respuesta a los reclamos de justicia. La mujer que intentó inocularse con una jeringa participó durante una hora de una entrevista con el ministro a quien le pedía concretamente que no prescriba la causa y la condena al homicida de su hijo adolescente.

II – Hace ocho años, Adán, un adolescente de 16 años, murió aplastado por un auto que conducía un borracho en contramano y a alta velocidad. Adán nunca vio a su homicida, ni siquiera al auto que conducía y lo arrolló de espaldas cuando caminaba por la vereda y lo mató aplastándolo contra una casa. Luego de años de idas y vueltas, un tribunal juzgó al homicida y le aplicó un castigo ejemplar de cinco años de cumplimiento efectivo. Pero en estos días la justicia pampeana acaba de dictar la prescripción de la causa porque, dice, se cumplió el plazo previsto y la suma de los días arroja un número mayor al admitido.

III – Esta forma oblicua de recurrir a la matemática e ignorar la ley -que garantiza la impunidad a un homicida y convalida la negación de justicia a la víctima- muestra a quien quiera verlo, mejor que todos los argumentos, la pérdida de rumbo de quienes pilotean y tripulan esa nave pomposamente bautizada Ciudad Judicial. La impunidad que resulta de una sucesión de actos procesales insensatos es, en verdad, el producto de una vergonzosa confabulación en la que se ven envueltos funcionarios judiciales a quienes les interesa mucho más chicanear con sus escritos al resto de los estamentos judiciales que contribuir, como se supone, a la realización del ideal de justicia. La prescripción de esta causa es el producto esperable de una especie de “torneo de chicanas” en el que se trenzan, a la manera medieval, toda una fauna de letrados -salidos más de la pluma de Aristófanes que de la Universidad-, utilizando todo tipo de ardides procesales con el único fin de “vistear” a sus ocasionales contrincantes sin importarles que, en ese juego de esgrima procesal, llenen los pasillos de tribunales de víctimas de los “daños colaterales” de su juego.

IV – El caso de Adán debería servirle a la sociedad pampeana, a sus representantes, a sus dirigentes, como un toque de alarma de la crisis que padece el sistema creado y pagado para que el concepto de justicia tenga una forma de realización. Que se pueda dejar caer una condena ejemplar a un homicida solo porque “sus señorías” se entretuvieron en una disputa procesal obliga a preguntarse si es posible que eso suceda. Si puede suceder en un Poder Judicial digno que se conculque impunemente el derecho de los familiares de la víctima a que se castigue con todo el peso de la ley al borracho irresponsable e incivil al que ni siquiera lo privaron de su carnet de conductor y le permitieron seguir manejando vehículos pese a tener una muerte en sus espaldas.

V – La pregunta es ¿Puede quedar esto así? ¿Nadie tiene que dar explicaciones? ¿No hay procedimiento de juicio a quienes así se comportan? Entre tanto sesudo analista jurídico, especialista en derecho procesal, entre tanto filósofo del derecho, ¿no habrá un interesado en explicar qué o quién está fallando? ¿Nadie va a hacer una autocrítica? ¿Nadie va a llamar a reunión de “sus señorías” para que digan cómo fue que pasó? ¿O es que nadie de los que tienen que ver lo que pasa está mirando?
Lo que está claro es que a falta de todos ellos, ante su silencio, su omisión, su complicidad, una mujer común, una madre acaba de llamarnos la atención con un acto desesperado. A la manera de Rosa Park, o las Madres, o nuestra Magdalena Alfonso y tantas otras mujeres que en un momento entendieron que había que hacer lo que fuera para advertir que llegó el momento de poner un límite y urgir acciones a un Estado (y a sus cómodos ocupantes). Pide justicia. Que el homicida cumpla su condena. Solo eso. Para los pampeanos atentos, su pedido desnuda la crisis de un Poder Judicial que no merecemos y que parece querer acostumbrarse a convivir con su propia incapacidad o su propia negligencia. (LVS)

Compartir