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La lección de la ironía

TRIBUNA DEL LECTOR

El triste, desafortunado e innecesario posteo de una diputada macrista, tras el contundente triunfo justicialista del pasado 27 de octubre en todo el país, puso en evidencia una vez más la falta de respeto hacia la voluntad popular y el poco apego hacia las reglas de una práctica democrática sana, que expresa el espacio político del presidente saliente.
Resulta increíble que una legisladora provincial, tras cuatro años de ejercicio de su cargo, no haya podido comprender la trascendencia institucional y responsabilidades que la misma demanda. Suscribir la ofensa, la discriminación, la intolerancia, la falacia y el odio, a través de una red social o medio de comunicación, va a contramano de querer eliminar esa grieta entre los argentinos que todos -en la medida de nuestras posibilidades- deseamos superar para construir un país mejor.
Esta vez, el soberano argentino expresó en las urnas que no deseaba más el hambre, la falta de trabajo, el cierre de fábricas, la ausencia de inversión en salud, educación, ciencia y tecnología; la entrega del país, la imprevisibilidad económica, el endeudamiento financiero, la bicicleta financiera, la destrucción de las economías regionales, un país para pocos, la discriminación por pertenencia ideológica, la mentira disfrazada de cinismo o la exacerbación de valores opuestos al desarrollo humano.
Por lo descripto, los «humanos» que implementaron el modelo neoliberal este último tiempo, se olvidaron del bienestar de los monos… que justamente por ser monos, no formaron parte de sus intereses inmediatos en la gestión pública. Pero la selva cada cuatro años siempre da revancha, mal que les pese a los «humanos de primera».
Al igual que antes de la llegada del justicialismo a mediados del siglo XX -y después también-, el odio hacia los sectores explotados de nuestra sociedad sigue intacto. No se les perdona su visibilidad, su acceso a derechos largamente negados, su derecho a ser y expresarse democráticamente. Y lo que es mucho peor, ese odio suele venir de los propios que obnubilados por los destellos del «pertenecer socialmente» a un sector que los usa y jamás reconocerá, traicionan su esencia y origen popular.
Por ello, la lección de la ironía, propiciada por la diputada justicialista a su par en la Legislatura provincial, es una buena señal de aprendizaje democrático. No hace falta tanta ofensa, tanta falta de respeto, tanta intolerancia, para expresar un desacuerdo ideológico o político, alcanza con un poco de humor, una banana y la inteligencia de los «monos», ésa que jamás debe subestimarse.

Silvio Javier Arias
DNI: 24.499.738