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La libertad de prensa pierde a un defensor

GREGORIO BADENI FUE ASESOR DE LA ARENA DURANTE 30 AÑOS

Durante los últimos tres lustros de su vida, Gregorio Badeni, el notable constitucionalista que acaba de dejarnos, se desempeñó como apoderado de LA ARENA, ocupándose de los juicios en materia de libertad de prensa que tramitaban ante la Corte Suprema.
Su sapiencia y su notorio don de gentes le permitieron navegar las aguas procelosas de ese tribunal, permitiendo consolidar lo que hoy es una realidad en la jurisprudencia de todo el país: una vigencia plena de la libertad de prensa, donde se garantiza el oxígeno necesario para el debate público, aún cuando en el camino se cometan errores o se caldeen los ánimos.
Pero en realidad su vinculación con este diario se remonta a mucho antes, sobre fines de la década de los años ochenta, cuando Badeni puso en funcionamiento el Servicio de Orientación Legal de la Asociación de Entidades Periodísticas de la Argentina (ADEPA), un verdadero «think tank» que ayudó a difundir ideas y conocimientos jurídicos y a despejar la herencia autoritaria de un país por entonces demasiado acostumbrado a las dictaduras.
Desde allí contribuyó, como un generoso maestro, a la formación de muchos abogados y periodistas a lo largo y a lo ancho del país, y también promovió, sobre todo durante los años noventa, el acercamiento y el debate entre la prensa y el Poder Judicial, dos instituciones republicanas clave, que entonces se conocían poco y se miraban con recelo.
Aquellos fueron años aciagos, en particular debido a la constitución de una Corte Suprema que se ganó el triste mote de «mayoría automática», por su tendencia a favorecer al poder político de turno. El carácter afable, pero sobre todo, la autoridad científica de «Goyo» (como lo conocían sus amigos), le permitió persuadir poco a poco a una jurisprudencia poco proclive a garantizar la libre expresión.
En La Pampa se recuerda una conferencia que dio en 1993, invitado por el Colegio de Abogados y Procuradores, sobre estos temas que constituían su pasión. Austero, Badeni se negó a cobrar honorarios por su disertación, y costeó de su bolsillo los gastos de viaje.
Sería muy extenso enumerar aquí la gran cantidad de reconocimientos y logros profesionales de una carrera que se prolongó por más de cincuenta años. Baste decir, que el Estudio Juridico que Badeni fundó junto a su maestro Linares Quintana, es uno de los que más presencia -y éxito- tiene en litigios ante la Corte Suprema.
Esto no es información que conozca el gran público. De perfil bajo, Badeni raramente concurría a programas de televisión: pero cuando lo hacía, se notaba la diferencia con otros profesionales de renombre que, a la hora de litigar, o de sostener una cátedra universitaria, no estaban a su altura.
Se podrá o no coincidir con las posturas que sostenía en otros órdenes del Derecho, pero en cuanto se trataba de la libertad de expresión, la coherencia de su filosofía liberal clásica no admite discusión, ni tampoco comparación, sobre todo teniendo en cuenta lo dilatado de su trayectoria.
El país que hoy lo despide, no es el mismo que lo vio florecer como profesional. Hoy los ataques a la libre expresión y a la transparencia informativa no provienen tanto del Estado, como de los grupos de poder económico. La irrupción de internet, las redes sociales y las multiplicación de noticias falsas, hacen que sea cada vez más difícil encontrarse con la información de calidad profesional.
A su manera, estos también son tiempos aciagos. Tiempos en los que la generosidad, la bonhomía y la claridad conceptual de Gregorio Badeni se van a extrañar.