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La lógica televisiva

Ya no es un secreto para nadie el hecho de que la lógica televisiva terminó imponiéndose en el resto de los medios de comunicación. La centralidad de lo que se conoce como «entretenimiento», que es la razón de ser de la TV, fue invadiendo al resto de los formatos de la prensa hasta convertirlos poco menos que en satélites de ella.
Pocos medios han logrado mantenerse apartados de esa moda. Son los que siguen apostando al ejercicio del periodismo como un camino destinado a estimular lecturas críticas de la realidad, con aportes que desafíen la inteligencia del lector-oyente-televidente-internauta, basados en la presentación de información rigurosa cimentada en datos fehacientes, y en análisis que profundicen y contextualicen las noticias.
La televisión es el medio por excelencia de la posmodernidad, ese movimiento cultural que pretende trastocar fondo y forma, que exalta el relativismo, que cuestiona los paradigmas de la modernidad y exalta las relaciones «líquidas», entre otras caracterizaciones. No por casualidad ese movimiento nació muy cerca en el tiempo del proyecto neoliberal.
Por estas horas los medios de la Capital Federal -la televisión pero también los diarios, las radios y los portales web-, recogieron y multiplicaron las expresiones del gobernador pampeano cuando dijo que «a la Argentina que trabaja le sobran muchos porteños». Hubo gran repercusión, comentarios, rebotes, entrevistas y hasta llegó a la tapa del diario de mayor circulación del país, un «halago» extrañísimo para nuestra provincia.
Esas palabras fueron pronunciadas en un acto muy significativo: la estatización del servicio de transporte público de pasajeros en la capital pampeana. Pero ese acontecimiento no tuvo la mínima repercusión. Es más, ni siquiera fue mencionado al pasar. Para la galaxia mediática porteña fue más digno de destacar una frase «polémica» que un hecho político de trascendencia, que incluso está muy vinculado a un debate que hoy desvela a muchos de sus periodistas: la «injerencia» del Estado en la actividad privada.
Si el mandatario pampeano, en lugar de esa frase, hubiera dicho lo mismo con otras palabras, por ejemplo: «es necesario profundizar el debate sobre el federalismo», habría recogido solo indiferencia y silencio entre los medios capitalinos. Se ignora si lo hizo adrede o no, pero lo cierto es que alcanzó una repercusión inesperada, producto de ese afán «televisivo» que campea en todos los formatos mediáticos y que tan fácilmente se deja seducir por el impacto -por la forma- y que prefiere evitar el fondo; en este caso las viejas asimetrías en las relaciones puerto/interior y la recuperación de un servicio público esencial para el Estado municipal santarroseño.
Hace dos meses sucedió algo parecido cuando el exgobernador Carlos Verna dijo, ante el segundo pago de esta administración nacional a Mendoza por Portezuelo del Viento: «ahora nos cagó un compañero». La frase explotó de inmediato en todos los medios porteños que, hasta ese momento, habían silenciado el grave conflicto interprovincial desatado por el proyecto de esa represa. Siempre el envase imponiéndose sobre el contenido en la prensa que privilegia el «impacto».