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La mezquindad de la oposición

La segunda ola de la pandemia de Covid-19 está afectando a casi todo el país. En la mayoría de las jurisdicciones el aumento de la propagación del virus alcanza niveles alarmantes. En La Pampa, por ejemplo, el último promedio semanal fue el más alto desde la llegada de la enfermedad. Todo ello repercute en dos factores cruciales: la ocupación de camas y módulos de terapia intensiva y la sobrecarga laboral y consecuente agotamiento del personal de salud.
El cuadro general justifica con creces la profundización de las medidas de protección sanitaria para la sociedad. Especialmente porque un sector de la población -minoritario pero no insignificante- se resiste a aceptar las recomendaciones de los especialistas para extremar el cuidado personal y el social.
Las reuniones clandestinas no cesan, las aglomeraciones en lugares públicos tampoco y menos ahora en temporada de vacaciones, el uso del barbijo aún es resistido por no pocas personas. La necedad y la influencia tóxica de los grandes medios de confusión se combinan para hacer las cosas más difíciles a las autoridades sanitarias nacional y provinciales con graves consecuencias epidemiológicas.
Las restricciones a la circulación nocturna que decretó el gobierno nacional, con acuerdo de casi todos los gobernadores, no son novedosas. La Pampa y otras provincias ya las habían aplicado cuando recrudecieron, por segunda vez, los niveles de contagio. En verdad, lo que ahora decretó el Presidente de la Nación es básicamente una recomendación, a fin de que cada provincia imponga las medidas restrictivas en función de los parámetros sanitarios establecidos para aplicarlas.
El acuerdo alcanzado entre el Presidente y los gobernadores es evidente que buscó fortalecer la idea de instalar medidas de cuidado más severas en virtud del avance de los contagios y frente a una oposición política y mediática que no oculta su deseo de boicotear la lucha contra la pandemia. Con una irresponsabilidad que alarma la alianza entre el PRO y la UCR, con el decidido apoyo del «periodismo de guerra», no para de poner palos en la rueda en la ardua pelea contra el virus. El rechazo prematuro al decreto, expresado antes de su divulgación, habla de un ensañamiento que se confirma con la insensatez de las declaraciones: en nombre de las «libertades individuales» calificaron al Presidente de «monarca» y de «negligente».
Lo único que les preocupa es el eventual rédito que el oficialismo pueda obtener con vistas a las elecciones de octubre. Semejante mezquindad política les impide ver que el principal beneficio del éxito de la campaña sanitaria es nada menos que la salud de los argentinos, un objetivo que en esta emergencia está muy por encima del resultado de una contienda electoral.
Meses atrás la derecha atacaba al gobierno poniendo a Europa como ejemplo de apertura. Pero cuando la segunda ola llegó al viejo continente y sus países aplicaron férreas medidas restrictivas, cambiaron el libreto y empezaron a torpedear a la «vacuna rusa» con todo tipo de falsedades.
En verdad hoy la sociedad debe lidiar con dos virus infecciosos: el del Covid-19 y el del terrorismo de la derecha política y mediática.