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La mirada de clase de la prensa porteña

La última operación lanzada por los grandes medios de confusión porteños alcanzó el podio del grotesco. Las tapas de los dos grandes diarios destacaron en sus titulares mayores el «problema» de los que viajan al exterior y el mismo libreto fue repetido disciplinadamente por el resto de la troupe de charlistas televisivos y radiales al unísono. Ese «inconveniente» afecta a una ultraminoría de argentinos, unos pocos miles; pero además, en la sobreactuación del drama presentado omitieron -como de costumbre- algunos datos nada insignificantes. Como para confirmar aquella cínica sentencia del bajo mundo mediático que reza: «no dejes que la realidad te estropee un buen titular».
Los viajeros al exterior ya estaban alertados de posibles cambios porque al adquirir sus pasajes debían firmar una declaración jurada ante la Dirección de Migraciones por la cual aceptaban «las disposiciones que el Estado Nacional regule en el marco de la emergencia sanitaria y asumir los costos y responsabilidades que de ello surgiera». Es decir, los viajeros ya sabían de antemano que podían sufrir contingencias en sus planes de vuelos en razón de la pandemia. Pero no solo eso. Por estas horas, en todos los medios del mundo que todavía asumen con ciertos niveles de seriedad la tarea de informar, circula la noticia que habla acerca de más de cien países que cerraron sus fronteras al turismo para preservarse de las nuevas variantes de Covid-19 y potenciales rebrotes.
Desde luego que no es esta la primera operación desinformativa que nos llega desde el «nado sincronizado» de la prensa de derecha. Pero asombra su costado bufonesco. En principio porque presentan un tema que afecta a un número menor de personas como si se tratara de una cuestión de extrema gravedad nacional, y también porque el «defecto» que con tanta saña le imputan al gobierno nacional se replica en la mayoría de los países del planeta. Ahora bien, ¿a qué público le tributa esta operación? No es una pregunta ociosa. Esos miles que viajaron al exterior a los que las corporaciones mediáticas les prestan tanta atención no son representativos de la mayoría de los argentinos, ni de lejos. La mayoría no solo que no piensa, sino que no puede viajar al exterior porque debe sobrevivir acosado por la pandemia y sus durísimas secuelas económicas. Muchos perdieron sus empleos, muchos cayeron en una pobreza más profunda aún de la que conocieron con el macrismo.
Por lo demás, al plantear el «derecho» de los viajeros VIP a regresar al país cuando se les plazca en términos absolutos, ni siquiera consideran la seguridad sanitaria de los millones que permanecieron aquí. Es un dato secundario, poco menos que despreciable para los que «informan» de tal modo. Esa mirada de clase no es casual, no es un «descuido». Por el contrario, es deliberada en ese negocio disfrazado de periodismo que practican las corporaciones disfrazadas de medios de comunicación.
No fue la primera ni será la última operación. Cada vez que gobierna la Argentina un espacio político que no le gusta a la derecha, el garrote mediático labora a destajo 24 x 7.