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La misma piedra que tropezamos

LA SEMANA PAMPEANA

I – Cuando la provincia parecía haber alejado los fantasmas del brote de Catriló, otra localidad «fronteriza» con la provincia de Buenos Aires, Intendente Alvear, se convirtió en el nuevo foco de dispersión del virus y de dolor de cabeza de las autoridades y personal de Salud Pública y, desde luego, de los pampeanos comprometidos con la cotidiana tarea de no favorecer la enfermedad. El foco tiene hoy, al cierre de esta columna, un centenar de contagios.

II – El contraste entre los esfuerzos que realizan los que están en la primera línea de fuego y los que, por asintomáticos, subestiman la gravedad de la pandemia y hacen todo lo que está a su alcance para desobedecer las recomendaciones, se puso de manifiesto en el caso de Alvear. Allí los protocolos eran, en muchos casos, letra muerta. Tanto que aún no se sabe a ciencia cierta cómo ingresó el virus.

III – Si eso es posible es porque alguien no dice toda la verdad sobre sus movimientos, omite parte de sus contactos estrechos, porque los protocolos de trazabilidad no se respetaron o porque hay autoridades que no quieren o no pueden hacer cumplir a toda la población las simples recomendaciones que, por su incumplimiento, llevaron la peste al pueblo.

IV – Hay una suerte de paralelismo entre la inconsciencia colectiva que llevó el virus a Catriló y el que lo introdujo en Intendente Alvear. En ambos pueblos, las redes sociales eran testigos de la subestimación que una parte importante de la población hacía de la gravedad de la pandemia. Fiestas y reuniones en establecimientos rurales, cruces ilegales de los límites de la provincia por parte de personas que luego no se aislaban cuando regresaban y, encima, alentando esta desobediencia civil suicida, un discurso anticuarentena sostenido y multiplicado por personajes del pueblo que parecían buscar lo que finalmente ocurrió.

V – Ahora Intendente Alvear y su vecina Bernardo Larroudé están en fase 1 y todo se complica para todos. Los que favorecieron el brote con acciones, omisiones y discurso anticuarentena, bíblicamente, cosechan su siembra. Pero también para los que cumplieron con los protocolos y se aislaron, usaron barbijo, se anotaron en los comercios para que se pudiera rastrear la trazabilidad, no hicieron reuniones familiares en los días en que no se permitían, no superaron el número de asistentes cuando se permitieron, no fueron a localidades de la vecina provincia de Buenos Aires (que tenía localidades cercanas a Alvear en Fase 1), no fueron a «juntadas» clandestinas en predios rurales, no tomaron mate, ni se abrazaron, etcétera, etcétera… para todos ellos, la vuelta a Fase 1 es muy frustrante e injusta.

VI – En la semana se conoció el testimonio de una de las médicas que trabaja a tiempo completo y sin descanso desde hace meses en la llamada «covidera», nombre con el que, en la curiosa jerga médica, se conoce el Centro Emergente de Asistencia Respiratoria que La Pampa ha armado en plena pandemia para resistir los embates de la enfermedad cuyo pico aún se ignora cuándo llegará (o, en el mejor de los casos, si llegará antes de la vacuna). La vida que hoy llevan los médicos y paramédicos pampeanos afectados directa o indirectamente en la lucha contra el coronavirus es, francamente, una vida de sacrificios que se tolera porque existe, por suerte para el resto de los pampeanos, un alto espíritu solidario, una motivación altruista y una cuota no desdeñable de conciencia histórica a la altura del momento inédito que la provincia, junto a toda la humanidad, está atravesando.

VII – Así mirado, el caso de Intendente Alvear es muy desmoralizante para la sociedad pampeana en su conjunto. Porque las conductas que lo permitieron son las mismas que causaron el brote de Catriló y su reiteración pone de manifiesto que hubo quienes no consideraron la lección ni aprendieron de ella. El hombre, dice un dicho, es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Por cada uno de los vecinos y vecinas de Intendente Alvear o de localidades vecinas que llegaban a Alvear que violaban la cuarentena y tomaban conductas de riesgo al volver de zonas con circulación comunitaria y no aislarse, hubo, seguramente, otros tantos que lo observaron y omitieron la denuncia. Una suma de tolerancia a conductas de riesgo que se disfrazaron de «códigos», permitió que la peste se disemine… otra vez. (LVS)