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«La Nación» alimenta el golpismo en Venezuela

"TRIBUNA DE DOCTRINA" DE LA "SUCIEDAD" RURAL

El diario dirigido por Bartolomé Mitre se anota en todas. Reniega de los derechos humanos, apoya al FMI y las privatizaciones y alimenta el golpismo en Venezuela.
SERGIO ORTIZ
El penúltimo escándalo que originó el diario ocurrió el 1 de febrero con el editorial «Niñas madres con mayúsculas». Había situaciones muy tristes, como el caso de la niña de 12 años embarazada violada y cuya madre había pedido en Jujuy la interrupción legal del embarazo, previsto por ley desde 1921. En vez de eso fue sometida a una cesárea para obligarla a ser madre (a propósito, la bebé murió días más tarde).
En vez de atender a la problemática de miles de niñas y adolescentes violadas y embarazadas, el diario nacido en 1870 hizo una apología del procedimiento de Jujuy, con Gerardo Morales como piloto. El editorial mostró «admiración hacia las niñas madres, madrazas por cierto. Tristeza para las ‘abuelas abortistas’ que felizmente no lograron su criminal propósito. Bienvenida a los felices niños de ambas mamás y un mensaje claro y esperanzador a la sociedad para que haga lo que tiene que hacer sobre educación sexual, primero, y sobre apoyo a las mamás, después, tanto si sus embarazos fueron deseados como si fueron causados por una violación, por ignorancia o estado de necesidad».
Esta línea del movimiento anti-derechos provocó repudios de entidades feministas, organizaciones de derechos humanos, profesionales, académicas, etc.
Al director Bartolomé Mitre eso no le importó. Quizás estuviera en Punta del Este o en otros destinos más acordes a su función como secretario de la máxima autoridad de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), de Miami, que nuclea a los medios alineados incondicionalmente con el Departamento de Estado.

Contra de los DD.HH.
«La Nación» apoyó fervientemente el golpe de Estado que instauró en 1976 la dictadura militar-cívica y junto con Clarín se quedaron con Papel Prensa. Estar con esos golpes forma parte de su ADN: desde los planes semicoloniales de la «Generación del ’80» y la «Suciedad» Rural, hasta el terrorismo de Estado de Videla-Massera-Agosti y sucesivas juntas militares. Por eso fue tan enemigo de la política de derechos humanos que mucho avanzaron con los gobiernos kirchneristas.
El 26 de diciembre de 2012 su editorial titulado «La pauta probatoria en los delitos de lesa humanidad» se quejaba de los juicios a los genocidas del Proceso diciendo que «nuestra jurisprudencia aún no recogió los estándares de los tribunales internacionales para juzgar y probar violaciones de derechos humanos».
El matutino siempre defendió la inocencia de José A. Martínez de Hoz, superministro de la dictadura. Y el 10 de diciembre de 2012 editorializó a favor del ex ministro de Gobierno de la dictadura entre 1976 y 1979, Jaime Smart. El título lo decía todo: «¿Justicia o venganza para Jaime Smart?». Afirmaba: «este espíritu vengativo campea en estamentos oficiales hoy ocupados por ex terroristas, cuyos indultos y amnistías no fueron impugnados ni anulados, y cuyos crímenes son curiosamente excluidos de criterios mediante los cuales se permite juzgar a los militares y ahora también a los civiles».

Con Trump.
La orientación proyanqui del matutino es evidente sobre Venezuela. Su corresponsal allí es Daniel Lozano, tan alineado con las campañas golpistas e injerencistas del Departamento de Estado que en 2012 fue despedido del medio español Público, por cubrir en forma alevosamente antichavista el 20 aniversario del fallido levantamiento de Hugo Chávez.
La adhesión total al libreto de Donald Trump se plasmó en la editorial del 12 de febrero, titulada «Venezuela, entre las cenizas y la posibilidad de resurgir». Arranca bendiciendo a Juan Guaidó como presidente interino, «al amparo de la Constitución», aunque no tuvo ningún voto popular.
En cambio Nicolás Maduro sería un dictador, aunque fue elegido por el 67 por ciento de los votos en mayo de 2018, cuando ganó su mandato 2019-2025 frente a tres candidatos de la oposición. Otros partidos opositores boicotearon el comicio pero aquellos antichavistas se presentaron y perdieron.
Son elecciones transparentes. «De hecho, de las 92 elecciones que hemos monitoreado, yo diría que el proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo», declaró en septiembre de 2012 el expresidente Jimmy Carter.
El editorial de «Gaceta Ganadera», en cambio, le niega base popular a Maduro y atribuye su continuidad a «la influencia de 22.000 cubanos que sostienen militarmente el poder y que se suman a otros tantos integrantes de las FARC y del ELN colombiano».
Subida al carro pentagonista contra Caracas, «La Nación» denigra a un gobierno que ha construido 2.500.000 viviendas en los últimos años para bienestar de su gente. En cambio ve allí a «un emporio de saqueo, narcotráfico, terrorismo y delincuencia internacional». Si esa fuera la realidad, entonces estaría justificada una intervención armada internacional para salvar a los venezolanos. Y ese es el objetivo del Norte y sus apologistas porteños.
No saben cómo minimizar la agresión contra Venezuela. El editorial dice que EE.UU. y sus aliados «expresan su apoyo al presidente interino presionando con el control de fondos del petróleo». Falso. No es presión sino sanción de 7.000 millones de dólares en lo inmediato, para rendir por hambre y desesperación a la nación bolivariana. Y quieren apoderarse de su petróleo, como lo admitió el neonazi John Bolton, asesor de Seguridad Nacional.
El petróleo y lo bolivariano son el meollo de la cuestión. Y por supuesto «La Nación» miente y justifica al bando agresor. ¿En qué negocio andarán los Mitre y Saguier?