Inicio Opinion La OTAN festejó tarde y mal sus feos 70 años

La OTAN festejó tarde y mal sus feos 70 años

EN MEDIO DE AGRIAS DISPUTAS ENTRE VARIOS SOCIOS Y TRUMP

El pacto militar atlantista cumplió 70 años en abril, pero recién los festejó esta semana. Lo hizo en medio de disputas entre Macron y Trump, quien fue objeto de burlas.
SERGIO ORTIZ – La Organización del Tratado del Atlántico Norte nació el 4 de abril de 1949 como un pacto militar entre las potencias europeas occidentales y su socio mayor estadounidense. La fecha lo dice todo: había concluido la II Guerra Mundial y el enemigo de esos socios había pasado a ser la gloriosa Unión Soviética, decisiva para la derrota del III Reich.
Inmediatamente después de la capitulación de los jerarcas nazis, el nuevo imperio que desplazaría como hegemónico al británico en el bloque de los aliados y en definitiva a la Alemania nazi como principal factor atentatorio contra la paz mundial, reunió a sus aliados en la OTAN. Empezaba la Guerra Fría que podía calentarse en cualquier momento. Eso tuvo su límite cuando Moscú pudo fabricar sus primeras armas atómicas, que Washington había empleado en Hiroshima y Nagasaki. Llevarse puesta a la URSS no sería tarea sencilla.
La Unión Soviética no se vino abajo bajo el impacto de misiles sino por una combinación de factores. La ruinosa competencia armamentística puso lo suyo, succionando recursos necesarios en otros frentes, pero la causa esencial fue de raíz política e ideológica. Implosionó a raíz de la hegemonía de ideas liquidacionistas y derrotistas acuñadas por la dirigencia compartida de Boris Yeltsin y Mijail Gorbachov.
Esa derrota del bloque socialista («desmerengamiento», diría Fidel Castro en años de caída del Muro de Berlín), dejó sin el motivo primigenio a la OTAN, que siguió existiendo y encontrando nuevos motivos de accionar militar.
A principios de los ’90, intervino para el desmembramiento de la ex Yugoslavia titoísta, de la que sólo quedó Serbia, independiente pero derrotada al cabo de once años de ataques militares de la entidad radicada en Bruselas. Esta agresión fue bautizada como «intervención humanitaria», por más que hasta 2001 murieron varias decenas de miles de personas y se acabó con esa república federativa socialista.
Que la OTAN esté en la capital belga y de la Unión Europea supone un equívoco: sugiere que sus controlantes son europeos. Falso. EE.UU. es el socio mayor y controlante desde el punto de vista político, militar y financiero. Actualmente tiene 29 miembros pero está claro quién manda allí: el presidente norteamericano de turno, el Pentágono y los generales, almirantes y brigadieres yanquis. Estos mandonean en las bases atlantistas de Bélgica, Alemania, Italia, etc, incluidos países que eran socialistas, como Polonia y Rumania, y obviamente en la base aeronaval de Norfolk, Virginia, EE.UU.

Los equívocos.
Por la nacionalidad de sus secretarios generales, se creerá que la OTAN es europea hasta la médula. Hasta 2009 ocupó ese sitial el holandés Jaap de Hoop, reemplazado por el danés Anders Fogh Rasmussen, quien en 2014 dejó su lugar al noruego Jens Stoltenberg.
Pero el bloque militar sigue dependiendo de políticos y militares norteamericanos, aunque algunas funciones burocráticas se dejen para británicos. Hoy el presidente del Comité Militar es el mariscal británico del aire, Stuart Peach, pero la batuta la lleva el comandante supremo de la OTAN para Europa, general de la Fuerza Aérea estadounidense, Tod Daniel Wolters.
Esos mandos norteamericanos tampoco duran mucho porque están sujeto a vaivenes políticos. Al general Wesley Clark, vencedor de la guerra de los Balcanes, lo reemplazaron antes de tiempo bajo el gobierno de Bill Clinton. En 2017, con Donald Trump, las convenciones atlánticas eran encabezadas por su secretario de Defensa, general James «Perro rabioso» Mattis; fue desplazado en 2018 por el magnate. Sea como sea, los norteamericanos tienen la primera y la última palabra, basados en que en 2017 aportaron el 71 por ciento del millonario presupuesto militar del conjunto atlantista.

Las peleas.
Una entidad de apariencia europea, pero mandada por yanquis. Está en el Atlántico Norte, pero también tiene bases en el Atlántico Sur, como la Mount Pleasant, de la Real Fuerza Aérea británica en las Malvinas usurpadas a Argentina. Allí hay entre mil y dos mil efectivos ingleses para garantizar la usurpación política y el robo de los recursos naturales, petróleo y pesca.
Otro equívoco: los presidentes de los países miembros se reunieron este 4 de diciembre en Watford, en las afueras de Londres, para celebrar el 70º aniversario de la alianza militar. La fundación fue el 4 de abril de 1949 por lo que este festejo llegó ¡8 meses tarde!
Y el clima no fue el mejor, por las polémicas públicas entre Emmanuel Macron y Trump. El galo dijo que la OTAN padece de «muerte cerebral», cuestionando el retiro unilateral de EE.UU. del escenario sirio y la injerencia allí de Turquía. El magnate no la está pasando bien por el trámite del impeachment en su contra en el Capitolio y replicó que Macron está enojado por sus reclamos de que los socios de la entidad aporten el 2 por ciento de su PBI al presupuesto militar (y en consecuencia, eleven su aporte a la caja atlantista). Hoy sólo 6 países cumplen esa pauta.
La nota de color fue la cámara indiscreta que pescó a Macron, Boris Johnson y Justin Trudeau burlándose de Trump, «sacándole el cuero», como se dice en Argentina.
Ese fue un detalle menor. Lo esencial es que la cumbre de Watford no pudo alumbrar un documento unificado, sólo un brevísimo comunicado. El objetivo yanqui es claro: así como en su fundación la OTAN apuntó contra la URSS, ahora quiere poner a China como el blanco. Para la Casa Blanca es una necesidad, pero no le será fácil unificar a los 28 socios, que tienen comercio, inversiones y negocios comunes con Beijing, en redes 5G y la Nueva Ruta de la Seda. Son anticomunistas, pero «business are business».