Inicio Opinion La Pampa no existe pero marca camino

La Pampa no existe pero marca camino

LA SEMANA PAMPEANA

I – La reunión que en la semana mantuvieron el gobernador de la provincia, Carlos Verna, junto al gobernador electo Sergio Ziliotto, con los integrantes de la fórmula presidencial del peronismo unido, Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, fue una jugada política que volvió a poner a la dirigencia pampeana a la vanguardia de la estrategia nacional de la oposición con miras a la construcción de un triunfo electoral que allane el camino para derrotar al ruinoso proyecto macrista. Desde esta olvidada provincia, fue el peronismo el que mostró al país que la unión de las fuerzas opositoras es el camino electoral de la hora. Fue aquí donde el kirchnerismo fue llamado a integrarse al gobierno provincial y a conformar un frente contra la alianza gobernante y sus poderosos aliados económicos y mediáticos. Y aquí el kirchnerismo fue el encargado de recuperar con su candidato la ciudad de Santa Rosa en manos de la alianza macrista.

II – La reunión del miércoles señaló, en el mismo sentido, el camino que debe tomar la oposición victoriosa en las provincias de cerrar filas con la única fórmula que garantiza el retorno del país a una vía del desarrollo nacional y la recuperación de niveles de bienestar hoy diezmados por la política de ajuste, endeudamiento y achique del aparato productivo que encarna el macrismo y sus aliados radicales. Verna y Ziliotto le enviaron el miércoles una señal muy clara al presidente Mauricio Macri: luego de cuatro años de ninguneo, achique, abandono, incumplimiento de promesas y ataques a la provincia y su gente, La Pampa ha decidido comenzar a hablar, en defensa propia, con quienes considera que son los responsables del futuro gobierno. Es, en términos políticos, responder con la misma actitud que ha tenido el macrismo con La Pampa: negar su capacidad de ser hoy interlocutor de la Argentina post 10 de diciembre. Ningunear su poder así como el macrismo ninguneó a la provincia en estos cuatro años.

III – Una broma de un usuario porteño de twiter que se preguntó si La Pampa existía logró decenas de miles de respuestas y miles de usuarios que se prendieron a argumentar y seguir la línea de la ironía. Hubo de todo, respuestas disparatadas y disquisiciones seudo-eruditas que postearon sobre el tema en tono de sorna y muchos pampeanos o hijos de pampeanos que se sintieron dolidos y salieron a responder como si quien había iniciado el tema realmente creyera que nuestra provincia no existe en el mapa y es una entelequia. Este tipo de discusiones en la red suele ser un entretenimiento de quienes matan su ocio navegando en la red dispuesto a prenderse en cualquier cosa que prometa alguna diversión o mate el aburrimiento. No es nuevo. Hace años que se abren la web temas insólitos como «Las palomas se hacen las boludas pero quieren dominar al mundo» y otros por el estilo que suelen atraer a un enjambre de ciber-usuarios.

IV – Pero esta vez, el ocurrente twitero, sin embargo, fue sin quererlo intérprete involuntario de un prejuicio del que es portador buena parte de los argentinos nacidos y criados en la metrópoli para quienes el país se agota en la General Paz y en un par de lugares del interior que conocen por haber ido de vacaciones. Fue algo así como un acto fallido colectivo que se expresó en una ciber-broma pero cuyo resultado ha sido, históricamente, el tratamiento de nuestra provincia como el patio trasero de la Argentina. Conformada con los retazos no queridos de otras provincias, más o menos delimitada con Buenos Aires poco más allá de la decimonónica «zanja de Alsina» y de Córdoba al sur del quinto y último río, en ambos casos allí donde el clima y el suelo ya no garantizaban que el agropecuario fuera un negocio seguro. La Pampa fue privada, además, por el sur de su acceso al mar por los intereses ganaderos bonaerenses y al oeste de una frontera con Chile por el expansionismo mendocino.

V – Exponente portador de ese prejuicio es hoy el presidente de la Nación y su política de avanzar con Portezuelo, excluir a La Pampa del plan de obras de la Nación, dejar de pagar las sentencias judiciales que lo obligan a devolverle a la provincia miles de millones de sus cajas jubilatorias, incumplir la construcción de jardines, desfinanciar los programas de salud y educación o quitarle vuelos de Aerolíneas como se supo en la semana. La reunión de Verna-Ziliotto con Fernández-Fernández para tratar la futura relación del gobierno pampeano con el gobierno nacional es una respuesta política a ese ninguneo. Marca un camino para el resto de las provincias donde ganó la oposición y anticipa una pérdida de poder de un gobierno que, está a la vista, ya no puede legitimarse puertas adentro y busca hacerlo ante los poderes mundiales, buscando apoyo del FMI, de Estados Unidos o de la Unión Europea adonde va a mendigar un acuerdo de libre comercio para entregar aún más la economía nacional. (LVS)