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La pata pampeana

La sociedad pampeana sumó otro motivo para expresarle su agradecimiento al ex ministro de Seguridad y ex fugaz intendente de Santa Rosa: haber involucrado a nuestra provincia en el mayor escándalo de espionaje ilegal en la historia política argentina. No existe otro caso siquiera parecido, bajo gobiernos electivos, del armado de una red tan gigantesca destinada a seguir y obtener información confidencial -sin intervención de la Justicia- de dirigentes políticos opositores y oficialistas, senadores, diputados, jueces, fiscales, empresarios, gobernadores… La magnitud de las operaciones y el listado de víctimas provocan escalofríos, como también la impunidad con que todo se organizó y se llevó a cabo en las sombras bajo el gobierno de Mauricio Macri.
Una de las figuras más destacadas de este sórdido entramado pasó por las oficinas del Ministerio de Seguridad pampeano, adonde llegó de la mano de su ex titular. Los vínculos entre el mandamás de Comunidad Organizada y la entonces ministra de Seguridad de la Nación nunca fueron un secreto; es más, al pampeano le gustaba hacer alarde de ese «alto contacto».
Un ex funcionario de la cartera de Seguridad local confirmó a este diario que el espía que hoy está preso llegó por iniciativa del ex ministro pampeano y que fue algo más que un rumor el ofrecimiento que en esos años le hicieron al entonces gobernador para «rastrear micrófonos» en su propio despacho. Hoy, con toda la información revelada sobre las operaciones y sus operadores, no es arriesgado pensar que el motivo de aquel «trabajo» no era, precisamente, el de buscar micrófonos.
Además, dos estruendosas operaciones de inteligencia contra figuras políticas pampeanas saltaron en aquellos años. Una contra un diputado provincial peronista, y otra contra un senador nacional radical. A uno le endilgaron vínculos con el narcotráfico y al otro un caso de abuso sexual. Imposible enlodar con acusaciones más estigmatizantes frente a la sociedad. El aroma a «servicio» se sintió de entrada en ambos casos pero hasta que no llegó el dictamen definitivo de la Justicia, los dos dirigentes políticos se tuvieron que -como se dice vulgarmente- comer el garrón.
Nunca antes se habían experimentado en La Pampa operaciones de semejante calibre que involucraran, para su armado, a reparticiones y agentes públicos con el fin de lograr mayor credibilidad y, con ello, mayor poder de daño. Se puede recordar, incluso, que el ex ministro de Seguridad debió disculparse ante el diputado provincial por declaraciones públicas ante un medio piquense en donde había dado crédito a las difamaciones.
Hoy el ex director general de Inteligencia Criminal del Ministerio de Seguridad pampeano está preso y declarando ante un juez y dos fiscales de Lomas de Zamora sobre sus correrías en la AFI, adonde llegó después de salir de nuestra provincia. Entre las numerosas acusaciones que pesan sobre su cabeza está la de espiar -sin orden judicial- a la ex presidenta Cristina Kirchner. También lo investiga la Comisión Bicameral del Congreso por su rol activo en la estructura ilegal de espionaje montada por el macrismo contra altas figuras políticas opositoras y oficialistas y, también, contra detenidos en el Servicio Penitenciario Federal y sus abogados. Las investigaciones en marcha en Buenos Aires, ¿llegarán a La Pampa?