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La patria es el otro

Se veía venir. Lo habían anticipado las autoridades sanitarias de la provincia y entraba en el radar del sentido común. La Pampa, ubicada en el centro geográfico del país, se encuentra rodeada de jurisdicciones en donde circula el coronavirus al por mayor. Tampoco sorprendió demasiado el modo: un transportista fue el vehículo de la enfermedad y un familiar el destino.
El dato es significativo porque corrobora una advertencia que lanzó el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires. Semanas atrás el funcionario señaló que el foco de Covid-19 que afecta al Area Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) -conformada por la Capital Federal y el Conurbano bonaerense-, no debería preocupar únicamente a sus autoridades políticas y sanitarias sino a las de todas las provincias. Para fundamentar su aviso el funcionario expresó que esa área, por lejos la más poblada de todo el territorio nacional, podía convertirse en un centro activo de propagación del Covid-19 en virtud del elevado número de personas que se movilizan entre ella y el interior del país.
Las palabras del ministro fueron aviesamente distorsionadas por quienes dicen ejercer el periodismo en la maquinaria mediática porteña. Con una ligereza rayana con la irresponsabilidad, acusaron al funcionario de alarmista y no faltaron los que tomaron en broma sus palabras imputándole la intención de «asustar a la gente» con el propósito de «justificar» la cuarentena social. El caso de La Pampa puso en blanco sobre negro quién hablaba desde la racionalidad científica y quién desde el solo hecho de pararse ante un micrófono.
La apelación de las autoridades pampeanas a la «responsabilidad social» nunca está de más. Las circunstancias que rodearon a este último caso lo confirman. También hicieron un llamado a que no cunda la desesperación, ni la estigmatización, ni los linchamientos en las redes sociales. Los antecedentes tornan justificados estos pedidos. Incluso en una provincia tan poco afectada como la nuestra hubo acusaciones infundadas y manifestaciones públicas reprobables.
Otro aspecto a destacar es el compromiso con la información que han mostrado todas las áreas gubernamentales involucradas en la lucha contra la pandemia. Pocas contingencias como esta justifican ese apego al deber, por parte de los gobernantes, de prestarle atención al derecho de los gobernados a la información veraz, comprobable e inmediata. No hay como la desinformación para alentar el rumor con su carga tóxica de ansiedad y sospecha. Saber que se está informando sobre la evolución de la pandemia tranquiliza y genera confianza, un valor que ningún gobierno puede subestimar. Saber que tanto las «buenas» como las «malas» noticias serán dadas a conocer, no tiene precio en términos de expectativa social.
«Los protocolos se dispararon», es la expresión que cobró inesperada actualidad. Que todos sepan que eso es así, que cada soldado está en su puesto de vigilancia o de lucha en esta suerte de guerra contra un virus tan peligroso, aporta serenidad en medio de la tormenta. Y es, además, un estímulo muy poderoso para inculcar en todos y cada uno de los pampeanos el compromiso ineludible con el cuidado personal y el cuidado hacia el otro.