La “pesada herencia” que nunca perdonarán

El informe sobre la distribución de la riqueza que mostró en televisión un periodista dedicado a temas económicos, es impactante. En verdad no son datos desconocidos, pero presentados de forma tan sintética y contundente estimulan la reflexión sobre el profundo retroceso social que vivió nuestro país a partir de políticas económicas regresivas que favorecieron la desigualdad, la concentración de la riqueza en pocas manos y, como contrapartida, el aumento de la pobreza.
El gráfico exhibido muestra que en el año 1974 el decil -el 10 por ciento- más rico de los argentinos acumulaba ingresos 9 veces superiores al del decil más pobre. Mediante la aplicación de las recetas neoliberales bajo la dictadura y, más tarde, con la misma orientación económica pero ya con los gobiernos electos del menemismo y del delarruísmo, la “grieta” entre ricos y pobres se agrandó hasta llegar a 32 veces en el año 2003. A partir de ese año, y con la llegada del kirchnerismo, la desigualdad entre ambos extremos de la pirámide social dejó de crecer y empezó a descender hasta llegar a 17 veces en el año 2015. La recuperación fue pronunciada aunque, como se puede advertir, estuvo lejos de volver a los niveles de equidad que se habían alcanzado en 1974 cuando la Argentina se encontraba entre las sociedades menos desiguales del mundo capitalista de entonces.
Aquí esta el nudo central, la principal causa del rechazo que despertó en los sectores económicos más poderosos la política del kirchnerismo. La gigantesca maquinaria propagandística de los grandes medios -fieles representantes y custodios de los intereses de las clases más adineradas- se volcó a atacar con furia al kirchnerismo, básicamente, por ese motivo. Haber empujado con sus medidas redistributivas hacia un horizonte de mayor igualdad fue la “herejía” imperdonable que cometió el gobierno anterior. De ahí el uso despectivo de “populismo”, de “fiesta irresponsable”, incluso de “mentira” y, desde luego, la abanderada de las consignas: “la pesada herencia”. Todos estos lemas que destilan odio de clase nacieron de quienes sintieron que les tocaron el bolsillo para “darle a los negros y a los vagos”; de quienes consideran “normal” apropiarse de la mayor parte de la riqueza que genera todo un país sin remordimiento por los que no participan de la fiesta y caen en la pobreza. Con el bombardeo incesante de las usinas mediáticas lograron que buena parte de las clases medias hicieran suyo ese reclamo y las sumaron a su batalla. Ahora, tarde, estas últimas empiezan a darse cuenta de que jugaron sus fichas en favor de un apostador ajeno a sus intereses, que se queda con todo y, ya con el poder en sus manos, demanda desdeñosamente que se conformen con el “derrame”, es decir con las sobras de los saciados.
Apenas asumió el poder, el macrismo se dedicó con la mayor energía a retroceder nuevamente hacia los niveles de inequidad añorados con medidas que benefician exclusivamente a la elite económica. Su objetivo es volver a la “normalidad” de una sociedad más desigual; su plan es el mismo recetario neoliberal que ya fue probado con “éxito” en dos oportunidades.