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La población canina, problema que crece

Día a día la realidad demuestra que en las ciudades de tamaño similar a Santa Rosa los perros, sin dejar su condición de «mejor amigo del hombre» han pasado a ser un problema. Ese nivel problemático reconoce distintas motivaciones y responsabilidades, principalmente de los propietarios y las autoridades comunales.
Salta a la vista que lo más evidente radica en la higiene relacionada con los canes que, por su misma condición animal, hacen sus necesidades fisiológicas en cualquier lugar y momento. Testimonios de ello -por darles una denominación- se evidencian en cualquier lugar de la ciudad, aún en aquellos que necesitan higiene y estética. En semejantes casos la responsabilidad plena es de los dueños que, en el mejor de los casos, cuando los animales hacen sus necesidades fisiológicas miran, literalmente, para otro lado. Deberían saber y poner en práctica lo que ya es una norma en muchísimas comunidades: que el dueño del perro cuente con los elementos adecuados para recoger las deposiciones y llevarlas a lugares dispuestos a tal efecto.
La anterior sugerencia también debería caerle de lleno a las autoridades municipales que, pese a los reclamos vecinales, al parecer no parecen haber adoptado medida alguna en semejante problema.
Como corolario del tema -triste por cierto- aparece el comentario de un empleado de una estación de servicio ubicada junto a las rutas que bordean a Santa Rosa: por increíble que parezca hay familias que retornan a sus ciudades de origen con algún cachorro adquirido en vacaciones para entretenimiento de los niños como mascota. Conscientes de que no les resultará posible mantenerlas, al detenerse a reponer combustible, simplemente, los abandonan a su suerte, la que es de imaginar, por cierto.
El otro aspecto relacionado con los cánidos de convivencia ciudadana es mucho más serio por el peligro que implica. Basta consultar la crónica diaria para comprobar la cantidad de ataques de perros para con personas de cualquier edad. Aquí los hechos van mucho más allá de una cuestión higiénica, porque a menudo los atacantes son animales de razas que merecen prevención en el trato y cuentan con un porte que los hace más peligrosos. En lo que va del año solamente en Santa Rosa se han registrado dos ataques -que bien pueden haber sido más- de esa clase, uno de ellos contra un niño que sufrió serias lesiones. Lo peor: nadie puede decir cuáles son las motivaciones del carácter canino para que crucen el límite de esa violencia que, no hay que olvidarlo, registra en el país casos de muerte.
Podría decirse que se sobrentiende el derecho de cualquier persona a la posesión de un animal doméstico, más en condiciones especiales, pero ese derecho conlleva la prevención hacia cualquier riesgo eventual en la relación animal-persona. Es imprescindible tener presente que hay razas caninas más propensas al ataque, a la mordida, y que incluso han sido genéticamente desarrolladas para eventuales luchas dentro de la actividad cinegética. Cuál puede ser la solución a semejante eventualidad es tema a meditar y discutir pero, así como un sacrificio inútil o un cautiverio permanente provocan rechazo, es plenamente repudiable la probabilidad de tener un animal en imprevisibles condiciones de ataque.