La pobreza y un extraño pedido

Las dos últimas semanas, mal que le pese a la publicidad de la imagen gubernamental y a la maquinaria de los grandes medios que la alimentan, han sido francamente negativas para el gobierno nacional. Al papelón sobre Malvinas protagonizado en Naciones Unidas se sumaron múltiples y graves problemas en materia de seguridad -tema sobre el cual tanto criticara el macrismo al gobierno anterior- como también el asombroso promocional del Presidente viajando en ómnibus en un montaje escénico que cosechó de todo menos elogios. Para peor los indicadores mostraron que la actividad económica cayó como no lo hacía desde hace quince años.
A esos males, la semana que termina sumó otro, mucho más doloroso: el acelerado aumento de la pobreza, certificado por datos oficiales y confirmado por los encuestadores particulares más serios. Los números muestran en forma incontrastable que el 32,2 por ciento de los argentinos está por debajo de la línea de la pobreza, en tanto que el 6,3 está un escalón más abajo, es decir en la indigencia. Eso significa que unos catorce millones y medio de compatriotas (casi la tercera parte de los habitantes del país) son pobres. Pero además hay que considerar que la medición divulgada por el Indec corresponde al segundo trimestre, es decir a junio, y todo indica que en los siguientes tres meses -hasta el día de hoy- las cifras de la pobreza y la indigencia han seguido creciendo a causa de que este último trimestre fue pródigo en malas noticias con respecto a la evolución de variables económicas como el desempleo, el cierre de empresas o las horas trabajadas. En síntesis, lo más elocuente es que se sumaron 1,4 millones de nuevos pobres en apenas medio año de gestión.
Quizás ésa fue la razón de la singular conferencia de prensa montada en la residencia presidencial de Olivos en donde no todos los periodistas pudieron preguntar. No es la primera vez que sucede algo así, y quizás por esa razón el Presidente estuvo muy lejos de permitirse una reflexión autocrítica y en cambio prefirió hablar de un “porvenir maravilloso”. Pero lo más sorprendente llegó cuando pidió que su gestión fuera juzgada a partir del momento actual y fueran ignorados los casi diez meses que lleva conduciendo las riendas del gobierno. Con esa insólita exigencia el presidente pretende que sus gobernados se “olviden” de sus medidas de gobierno adoptadas en los primeros días de su asunción y que fueron, precisamente, las que mayor incidencia tuvieron en esta explosión de la pobreza en tan corto tiempo: devaluación y consecuente aumento sideral de precios, apertura del comercio exterior con consecuencias negativas para las Pymes, negociaciones paritarias -y aumentos en las jubilaciones- muy por debajo de la inflación, quita de retenciones, etc., todo lo cual conformó un acelerado proceso de transferencia de riqueza de los sectores populares al selecto club de los empresarios más poderosos.
Sobre estos temas el presidente hizo absoluto silencio, como si no fueran los principales causantes del aumento de la pobreza. El blindaje de los grandes medios es una ayuda inapreciable para alimentar esa estrategia distractiva.

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