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La prepotencia de los poderosos

La avidez de ganancias sin frenos ni escrúpulos es uno de los rasgos distintivos del capitalismo tardío o neoliberalismo. Esta etapa caracterizada por el predominio de las finanzas por sobre la producción, lo que equivale a decir de la especulación por sobre la generación de bienes, ha provocado grandes transformaciones sociales y económicas en todo el planeta, una de ellas es el crecimiento estremecedor de la desigualdad entre una minoría cada vez más opulenta y los sectores mayoritarios de la población cada vez más desguarnecidos.
En este marco general en donde ganan terreno las grandes corporaciones económicas y retroceden los Estados, los abusos de los poderosos se vuelven moneda corriente. Y ello ocurre en casi todas las ramas de la actividad económica porque la capacidad de controlar y regular de los entes estatales se ha debilitado notablemente.
Los ejemplos son infinitos, pero lo que se acaba de conocer en nuestra provincia excede toda capacidad de asombro. Este diario informó en la víspera que una de las grandes compañías prestadoras del servicio de telefonía celular -de capitales extranjeros- estaba robando energía eléctrica en Puelén para hacer funcionar una de sus antenas. Lo más indignante es que la empresa no se había «colgado» de las líneas de distribución en forma directa sino a través del medidor de la municipalidad de esa localidad. Es decir, mediante ese sigiloso ardid se dificultaba la detección de la maniobra por parte de quien suministra el servicio de energía -la cooperativa eléctrica de 25 de Mayo- porque el consumo era registrado en un medidor, en este caso el de la comuna. Por lo tanto lo que sucedió es que el Estado municipal de la modesta población de Puelén, que tiene menos de mil habitantes, fue el que vino soportando el costo del servicio que debió pagar la poderosa empresa.
El actual intendente al descubrir la estafa bajó la llave del medidor y dejó sin energía a la antena. ¿Cuál fue la reacción de la compañía? Enviar una cuadrilla de técnicos que, al llegar al lugar, no hizo otra cosa que volver a activar el medidor de la comuna, una operación a todas luces ilegal pues maniobró un equipo ajeno a la empresa.
Consultado por este medio el jefe comunal dijo que ahora la telefónica se comprometió a regularizar la situación y prefirió no hablar de la deuda acumulada que se remonta a, nada menos, once años atrás.
Resulta muy difícil de entender que en un tiempo tan prolongado nadie detectara la grosera estafa que se venía ejecutando mediante el uso de instalaciones de la comuna: ni las autoridades políticas ni los empleados. Pero lo cierto es que, de acuerdo a los números suministrados por el actual intendente, la deuda acumulada por la empresa excedería los 5 millones de pesos.
Dos reflexiones finales. Primero, debería haber alguna reacción de parte de los organismos públicos encargados de velar por los intereses del Estado, pero también del aparato judicial porque es evidente que se está en presencia de un delito, con grave perjuicio para el tesoro del municipio de Puelén. Y segundo, este bochorno debería operar como otro fuerte estímulo para acelerar la puesta en marcha de Empatel, la empresa provincial de telecomunicaciones.