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La prevención de la violencia de género

MUERTES ANUNCIADAS

A pesar de los avances legislativos, de la creación de oficinas de atención a las víctimas, la pregunta ante cada femicidio es por qué no llega a tiempo el Estado.
VICTORIA SANTESTEBAN*
Desde el femicidio de Úrsula Bahillo se sucedieron otros tres homicidios de mujeres por su condición de tales, en lo que convierte a la cifra trágica de muertes por violencia machista en escalofriante y envía el parte médico del patriarcado de gozar de excelente salud incluso en plena pandemia global. Porque a pesar de la prolífica actividad parlamentaria en esta parte del planeta, a pesar de la multiplicación de oficinas de atención a víctimas en lo que diseña un organigrama institucional de vanguardia a nivel mundial, la pregunta siempre presente con cada femicidio, con cada no llegada a tiempo del Estado es, ¿cómo puede ser esto posible? ¿Cómo, si en Argentina los tratados internacionales de protección de mujeres son de obligatoria aplicación desde 1994? ¿Cómo si en 2009 se crea en el marco de la Corte Suprema de la Nación la Oficina de la Mujer junto con la sanción de la Ley 26.485 y desde 2006 estaba en funcionamiento la Oficina de Violencia Doméstica? ¿Cómo, si esas oficinas fueron replicadas a nivel federal -La Pampa desde 2015 cuenta con la OMyOVD dependiente del Superior Tribunal de Justicia- es que femicidios y violencias en todas sus formas sigue in crescendo?

Otra muerte.
En La Falda, Córdoba, Ivana Módica estaba desaparecida desde el 11 de febrero. Su desaparición vaticinaba un femicidio más para la lista del 2021. Los zócalos del noticiero recordaban su búsqueda, apelaban a la ciudadanía, a esa que se tiene que meter también en lo que acontece puertas adentro del hogar, conforme la letra de la 26.485. Y es que una de las grandes disrupciones de esta ley de avanzada es correr del lugar de la esfera privada protegida por el artículo 19 de nuestra Constitución de 1853 a la violencia que se suscita incluso hacia el interior del hogar. Las noticias comunicaron el hallazgo del cuerpo sin vida de Ivana a lo que fue otra crónica anunciada de otra muerte evitable. Javier Galván, el femicida, integrante de la Fuerza Aérea y pareja de Ivana, confesó el homicidio porque no pudo con su consciencia o bien porque pensó que la figura del arrepentido podría ser artilugio para hacer pasar su machismo como arrebato de ira y desamor, como crimen pasional romantizado para aminorar la pena. Pero algo que también vino a transformar la 26.485 es a llamar las cosas por su nombre, a nombrar la violencia e identificar sus aristas, a dejar de disfrazar con palabrerío a las violaciones de derechos humanos de niñas, adolescentes y mujeres. La violencia simbólica incluye ese velo que mimetizó históricamente a la violencia, que la romantizó hasta convertirla en novela, que la vanaglorió como prueba de amor mostrando a femicidas como locos de amor y desengaño, movidos por un amor tan fuerte que los llevó a matar. La 26.485 vino también a deschavar al amor romántico para confirmar que por amor no se muere ni se mata.

Argentina.
La preocupación por los números de la violencia machista en Argentina ha sido tal que Alberto Fernández llamó a la creación de un consejo federal para la prevención de femicidios, travesticidios y transfemicidios movido por el interrogante de cómo continúa el machismo gozando de buena salud en plena pandemia feminista. Y es que el patriarcado juega con ventaja en esto de aceitar engranajes y no dejar cabos sueltos: tiene adeptos en cada comisaría, juzgado y banca. Hay vecinos y compañeros machirulos que bancan la camiseta patriarcal hasta la muerte, con cada chiste, con cada mirada libidinosa y comentario legitimador de las desigualdades. Frente a tanto infiltrado e infiltrada en cada rincón del país, es que leyes, capacitaciones e instituciones van sumando adeptos deconstruídos para hacerle frente al machismo enquistado. Tal vez el amateurismo, la asimetría en adeptos en uno y otro equipo, los tiempos siempre lerdos del Estado funcionan de combo para la ventaja del patriarcado que sigue cobrándose vidas. Jueces y juezas del país, incluidos los y las pampeanas también firmaron esta semana un comunicado mostrando su consternación por los números de la violencia de género en el país, al caer en la cuenta que cuando el Estado apareció, el patriarcado llegó primero, logrando su cometido de desaparecer, silenciar y neutralizar a mujeres que tenían derecho a una vida plena, libre y feliz.

La Pampa.
Ivana es otra muerta más en una democracia que nos promete protección especial por la condición de mujeres, en un mundo que ha mostrado ser mucho más hostil para el género siempre postergado, para la ciudadanía de segunda, relegada a la familia y al hogar. En esta parte del país, Romina Regis nunca más consciente de la probabilidad cierta de aparecer en las noticias del país como otra víctima de femicidio, es que emprendió un zamarreo institucional para despertar a los poderes Ejecutivo y Judicial sobre la posibilidad cierta de su muerte. Las respuestas de las agencias pampeanas después de la sacudida de la sobreviviente, siguieron las mandas de la 26.485 y dictaminaron que el agresor permanecerá encerrado y Romina ya cuenta con medidas de restricción de acercamiento, custodia policial y botón antipánico. La decisión es claro retruco contra el diseño patriarcal que viene saliéndose con la suya. El violento continúa sin ejercicio de su libertad ambulatoria y Romina ha sido acompañada por las instituciones del Estado que a la luz de la 26.485 articularon contención y protección comunitarias porque, una vez más, lo personal es político.
Leyendo las crónicas de las muertes anunciadas, la reacción estatal pampeana pudo llegar a tiempo a la jugarreta machista que hubiera dejado al agresor en libertad. Junto a la noticia de que el agresor continúa preso, esta semana también se conoció la confirmación de la condena a Elbio Eyheramonho por abuso a sus nietas, y de Gonzalo Escobar por abuso de alumnas. Por su parte, la jueza María Brarda dictó un fallo sobre cuota alimentaria con perspectiva de género y mandó a capacitar a abogados en la Ley Micaela, al leer en sus escritos claros vestigios de estereotipos sexistas. Frente al desgarro con cada femicidio, las acciones concretas del Estado en pos de la erradicación de la violencia machista es conquista a celebrarse, a pesar del dolor, de las ausencias y las injusticias.

*Abogada, magíster en Derechos Humanos y Libertades Civiles.