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La primera

El tiempo es un concepto nada fácil de definir. Filósofos, físicos y poetas destacan que es una dimensión solamente percibida por los seres humanos y que si algo lo caracteriza es el transcurrir… del propio tiempo.
Son los acontecimiento sobresalientes de la historia, tan ligada al tiempo, los que marcan ese transcurrir y un ejemplo cabal lo constituye el reciente aniversario del primer vuelo individual de una mujer en el espacio exterior al planeta: 58 años desde que la rusa Valentina Tereshkova cumpliera la hazaña.
Aunque el desmesurado tráfico de noticias hizo que el aniversario haya sido recordado en un segundo o tercer plano, quizás merece constituir un jalón muy singular, máxime en tiempos en que el movimiento de mujeres de todo el mundo avanzó mucho en la reivindicación de derechos en la mayoría de los campos antaño dominados por los varones. Tereshkova, al margen de ser una eximia paracaidista, tuvo un entrenamiento muy exigente previo al vuelo, a la par de sus compañeros cosmonautas varones y cumplió acabadamente su misión.
Hoy los vuelos espaciales, que incluyen enormes instalaciones orbitales, son cosa poco menos que habituales pero hace más de medio siglo, en el frenesí de la competencia que protagonizaban los Estados Unidos y la por entonces Unión Soviética, representaban un riesgo considerable. Las cuatro decenas de giros en torno a la Tierra por parte de una mujer, sola en su pequeña cápsula, bien pueden marcar uno de los hitos en la larga marcha por la igualdad de los géneros.