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La recuperación del ferrocarril

La recuperación de los ferrocarriles argentinos a partir del inminente vencimiento de las concesiones es una noticia que despierta expectativas favorables. Los treinta años de privatización de ese servicio de transporte esencial constituyeron un fracaso estrepitoso. Ninguna de las promesas del gobierno neoliberal de Carlos Menem, que pasó a la historia como el que descuartizó el Estado y entregó por monedas a capitales nacionales y extranjeros las empresas públicas erigidas con el ahorro social de muchas generaciones, se cumplió. Ningún país extenso del planeta -la Argentina ocupa el octavo lugar entre los de mayor territorio- se permitió rifar su sistema ferroviario, el medio terrestre más eficaz para transportar pasajeros y cargas. La infinidad de poblaciones argentinas que sufrieron las consecuencias del descuartizamiento de la red ferroviaria son testimonios cabales de lo ocurrido.
Que el actual gobierno nacional aproveche el vencimiento de las concesiones para revertir aquel proceso ominoso, es una buena señal y es de esperar que el mismo camino se adopte frente al final de una concesión no menos importante: la hidrovía del Paraná y la administración de sus puertos.
Según los informes periodísticos conocidos en la últimas horas la iniciativa del gobierno contempla poner bajo la órbita de Ferrocarriles Argentinos Sociedad del Estado (FASE) -cuyo relanzamiento tuvo lugar en marzo de este año- las tareas de coordinación entre las actividades del Ministerio de Transporte y las empresas pública, actores privados, sindicatos, unidades responsables del desarrollo y mantenimiento de la infraestructura ferroviaria y prestadores del servicio de pasajeros, cargas y logística del país. FASE había sido creada bajo el gobierno kirchnerista en 2015 con la aprobación de la Ley 27.132 que declaró de interés público nacional la reactivación de los ferrocarriles de pasajeros y de cargas.
Todo lo negativo que corresponde decir de la privatización del servicio ferroviario, puede repetirse, palabra por palabra, de lo ocurrido con el sistema portuario y el dragado y balizamiento del río Paraná. La entrega a corporaciones multinacionales de esa enorme vía fluvial incluyó el desmembramiento de ELMA (Empresa de Líneas Marítimas Argentinas) la flota mercante argentina, lo que obligó a partir de entonces a un oneroso sistema de transporte con naves privadas. El desmantelamiento, y la casi desaparición, del gran astillero de Río Santiago estuvo incluido también en el naufragio que provocó la dupla Menem-Cavallo.
Pasaron treinta años de aquella infausta experiencia neoliberal pero sus consecuencias siguen doliendo. El electorado argentino, que en ese lapso osciló entre el kirchnerismo que recuperó buena parte del remate de los noventa -el sistema jubilatorio, YPF y Aerolíneas, entre otras actividades centrales-, y el macrismo, que volvió a la ruta neoliberal con ínfulas privatizadoras y más endeudamiento externo, debe seguir optando entre dos modelos: uno que busca priorizar la autonomía nacional y el otro que, en sentido contrario, pretende limitarla. Son decisiones políticas de enorme trascendencia, porque sus secuelas afectan a millones de personas durante mucho tiempo.