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La ropa descolonizada y deconstruida

NUEVA LEY DE TALLES

La esperada ley de talles, viene a deconstruir el concepto de belleza hegemónico que, como se advierte fácilmente, no sólo es gordofóbico y patriarcal, sino también racista y europeizante.

VICTORIA SANTESTEBAN*

La «ley de talles» 27.521 sancionada en noviembre de 2019 estableció el Sistema Unico Normalizado de Identificación de Talles de Indumentaria (Suniti), correspondiente a medidas corporales estandarizadas para quienes fabrican y comercializan indumentaria y calzado. En junio de este año, oportunidad de reglamentación de la norma, el gobierno nacional recordó que «la falta de la estandarización en el sistema de identificación de talles de indumentaria es una problemática que tiene repercusión no sólo en los distintos sectores dedicados a la fabricación, confección, comercialización e importación de estos productos sino, fundamentalmente, afecta el interés de las consumidoras y los consumidores». Durante septiembre, la legislatura pampeana ha evaluado la adhesión a esta ley que exhorta por primera vez a la realización de un estudio antropométrico que arrojará las medidas corporales estandarizadas para el sistema de talles. El estudio en cuestión se encuentra en curso, y con un 60 por ciento del muestrario nacional completado se dispone a medir la diversidad corporal de argentinos y argentinas para la abolición de los talles únicos, los talles «especiales» y los mentirosos L y XL.

Primer paso.
El Instituto Nacional de Tecnología Industrial es el encargado de las mediciones que integrarán la primera base de datos nacional de medidas antropométricas, representativa de la diversidad de cuerpos argentinos a lo largo y ancho del país. El estudio representa además la materialización de ese primer paso necesario para que vestirnos deje de ser privilegio de los cuerpos hegemónicos y pase a la categoría de derecho. De esta forma, el estudio morfológico poblacional, por primera vez ensayado en Argentina, vaticina la adeudada democratización de talles, en un país en el que, de 10 personas, 7 manifiestan tener problemas a la hora de comprar ropa y calzado.
La reglamentación de la ley de talles es política pública necesaria para el desarme del mandato de belleza hegemónica de flacura, blancura y juventud que sobre todo se direcciona hacia las mujeres con la directriz patriarcal cosificadora y disciplinante. Conforme un reciente informe del Inadi, esta «belleza hegemónica -que es gordofóbica- reproduce la idea de que lo bello, lo deseable y lo valioso de los cuerpos responde a un único modelo… (que) es ante todo una ficción cultural, discriminatoria y patriarcal». El informe focaliza en la gordofobia como discurso discriminatorio, sostenedor de una ideología neoliberal de productividad, de medicalización, patriarcal y heteronormativa, que niega la diversidad como realidad social y la desigualdad como situación estructural. La esperada ley de talles, en este sentido, viene a deconstruir el concepto de belleza hegemónico que, como se advierte fácilmente, no sólo es gordofóbico y patriarcal, sino también racista y europeizante.

Belleza decolonial.
En Argentina, importamos los talles de Estados Unidos y Europa. Las representaciones de la argentinidad como bajada de los barcos es otro de los elementos a deconstruir por la ley de talles. «Cuando pensamos en las representaciones de las argentinas y los argentinos, pensamos en algo muy porteño. Pero tenemos cuerpos muy diversos en el territorio, en donde conviven migraciones de muchos lados, descendientes de pueblos originarios, afrodescendientes, la fisonomía de los cuerpos andinos, todas diversas maneras de ser argentino o argentina o argentine que no necesariamente son lo que pensamos cuando pensamos en los cuerpos autóctonos. Ahí también hay una disrupción interesante que va a generar mucho sentido para poder pensar en otras políticas públicas», explica la subsecretaria de Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires Lucía Portos en entrevista con Página 12.
En este sentido, la socióloga venezolana Esther Pineda, explica en su desarrollo teórico sobre la violencia estética, que «las sociedades latinoamericanas producto de la experiencia colonial tienden a reconocerse como blancas y europeas, negando su herencia indígena y africana, por ello han adoptado con facilidad los cánones de belleza europeos y norteamericanos, en los cuales se excluye la diversidad étnico-racial. Esto ha favorecido que los rasgos, color y apariencia de la población latinoamericana que no se apegue a los estereotipos de belleza sean calificados como feos, inarmónicos, defectuosos, poco atractivos, pero también que estos fenotipos se hayan convertido en objeto de burla y discriminación.» En tiempos de revolución feminista -y latinoamericana- vestir libremente los cuerpos es también militancia. Así, la ley de talles arremete contra el mandato homogeneizante que jerarquiza y privilegia cuerpos escuálidos y caucásicos para recuperar la belleza de la diversidad.

*Abogada, magíster en Derechos Humanos y Políticas Públicas.