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La salud no es para el mercado

El oxígeno se convirtió en un insumo precioso frente al ataque de un virus que se ensaña especialmente con el sistema respiratorio. Lo más llamativo es que lo que sucede a nivel orgánico e individual con cada paciente, parece replicarse a nivel social y económico con el crecimiento exponencial de la necesidad de ese gas vital. De tal modo se disparó la especulación del mercado y los proveedores nacionales -grandes empresas oligopólicas de capital extranjero- comenzaron a aumentar los precios siguiendo la más dura regla del mercado, como si se tratara de golosinas y no de un elemento vital para la salud humana. Semejantes maniobras obligaron al gobierno nacional a congelar los precios y a prohibir la exportación a otros países.
La Pampa está en mejor situación que otras provincias porque aquí se instaló una planta que fabrica oxígeno medicinal bajo la administración del Estado hace tres lustros. Por eso, las clínicas y sanatorios privados ahora deben acudir al sistema público para abastecerse ante la falta de cumplimiento en los plazos de entrega de las empresas proveedoras.
Esta cruda realidad no es más que otro ejemplo que nos muestra que el mercado no puede tener posición dominante en materia de salud y que es el Estado el único garante de la prestación del servicio en forma equitativa para toda la ciudadanía y no solo para los que tienen recursos económicos disponibles.
El «mercado» internacional de las vacunas es otro ejemplo contundente. Los grandes laboratorios occidentales que fabrican las vacunas contra el Covid-19 están amasando fortunas a expensas de la salud mundial. El capitalismo neoliberal muestra otra vez su rostro más despiadado. Y lo peor es que las mayores inversiones para el desarrollo de la vacuna, tanto en Estados Unidos como en Europa, llegaron desde el sector público, que aportó miles de millones de dólares con ese objetivo.
Pero bajo el capitalismo -y más todavía en la versión neoliberal que se impuso en las últimas décadas- el dogma que reina es: «socializar las pérdidas y privatizar las ganancias». Los grandes fondos de inversión que son los principales accionistas de las corporaciones farmacéuticas tienen esa regla de oro, aunque su «negocio» pase por encima de millones de personas que pierden la vida por la pandemia.
En una escala pequeña, nuestra provincia muestra que el sistema de salud no puede ser objeto de las mismas reglas -o falta de ellas- que se imponen a nivel global para facilitar niveles de lucro obscenos a unos pocos privilegiados mientras las mayorías padecen el azote del coronavirus con su salud y sus bolsillos. La reciente adquisición de una nueva planta de oxígeno por parte del sistema público de salud pampeano fue otro paso dado en la misma dirección de asegurar el acceso de las mayorías a los cuidados médicos.
La pandemia disparó un debate imprescindible en nuestro país: la configuración de un nuevo modelo integral de salud. Varias medidas que se adoptaron en La Pampa, como fabricación por parte del Estado de insumos básicos o la presencia de una obra social provincial, no deberían estar ausentes en la discusión.