¿La seguridad en manos militares?

La posibilidad de que las Fuerzas Armadas participen en tareas de seguridad interior ya no es una versión o un trascendido sino un objetivo del gobierno. Así quedó confirmado por parte del propio presidente de la Nación durante la ceremonia por el día del Ejército cuando expresó su voluntad de los militares “presten apoyo logístico a las fuerzas de seguridad para cuidar a los argentinos frente a las amenazas y desafíos actuales”. Y completó para que no queden dudas: “necesitamos Fuerzas Armadas que dediquen mayores esfuerzos en colaboración con otras áreas del Estado”.
Algunos medios venían informando acerca de reuniones entre los ministros de Defensa, de Seguridad y otros funcionarios para llegar a la decisión que ahora tomó estado público en forma oficial a través del discurso del jefe de gobierno y que está en perfecta sintonía con los lineamientos regionales que viene planteando el Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, hasta con el mismo lenguaje: “afrontar las nuevas amenazas y desafíos”.
Todo indica que la ominosa experiencia que tiene nuestro país en la materia de nada le ha servido al macrismo cuando se lo ve tan decidido en reiterar una fórmula que solo aportó inmenso dolor y fracturas sociales de los que todavía no se ha recuperado el país. Las incursiones de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interior terminaron siempre en tragedias, tanto en gobiernos electos como bajo dictaduras. Varios organismos defensores de los derechos humanos se lo han recordado al gobierno, como también casi todo el arco opositor.
En nuestro propio continente existen ejemplos dramáticos que deberían servir para abandonar por completo esta iniciativa. Los más conocidos son los casos de Colombia y México, países cuyos gobiernos -siguiendo la doctrina “made in USA”- involucraron a los militares en la lucha contra el narcotráfico y terminaron envueltos en espantosos baños de sangre con centenares de miles de muertos y desaparecidos.
Por otra parte hay todo un cuerpo legal que establece taxativamente una división muy clara en cuanto a las competencias de los cuerpos armados en materia de defensa, por un lado, y de seguridad interior, por el otro. En Estados Unidos, país que promueve estos cambios en América Latina, las fuerzas armadas no tienen competencia para actuar dentro del territorio nacional en cuestiones de seguridad. Lo mismo sucede en Europa. Por lo tanto, a la hora de analizar este problema el gobierno debería atender más a los hechos que a los discursos, a lo que hacen y no tanto lo que dicen esos países.
El programa económico del macrismo, ahora bajo la férula del Fondo Monetario Internacional, está provocando un inmenso daño social. La multiplicación de manifestaciones lo está expresando en las calles. En este clima de creciente malestar y de recrudecimiento de la protesta social sería muy peligroso que el gobierno resuelva apelar a las fuerzas militares como dispositivo de disuasión pues es bien sabido ésa no es su función. El militar no está entrenado para disuadir sino para matar, así lo señalan los especialistas. Y así lo enseña la sangrienta historia reciente de nuestro país.