La selección y la tragedia palestina

Las imágenes de la enfermera palestina Razan al-Najjar asesinada por el disparo de un soldado israelí mientras atendía a un herido está recorriendo las redes sociales del mundo por estas horas. La joven, de 21 años, vestía claramente ropas que la identificaban como personal médico y estaba lejos de ser una amenaza, al contrario, se encontraba socorriendo a palestinos desarmados que manifestaban contra la usurpación de sus tierras por parte del Estado de Israel.
En este contexto adquiere una significación especial el pedido para que la selección argentina de fútbol se abstenga de jugar este sábado contra su par israelí. Lo que se objeta, esencialmente, es que la sede del encuentro haya sido cambiada desde su sitio inicial, la ciudad de Haifa, a Jerusalén.
Como se sabe, en 1967 Israel invadió y anexionó la parte oriental de Jerusalén -que pertenece al territorio palestino de acuerdo a la división formulada por la ONU en la década de los cuarenta del siglo pasado- y en 1980 la declaró unilateralmente capital del país, una decisión que fue rechazada por la mayoría de la comunidad internacional. A fines del año pasado el presidente de EE.UU. Donald Trump resolvió reconocer esa decisión y, todavía más, dispuso trasladar la embajada de su país a Jerusalén, en un hecho que fue lamentado por casi todos los países del mundo y provocó un rechazo masivo en los países árabes. También desató una ola de movilizaciones en Gaza y Cisjordania que fueron reprimidas por el ejército israelí con un baño de sangre que dejó 130 muertes, todas del lado palestino.
Lo que le piden a la Asociación del Fútbol Argentino es evitarle una humillación más a los palestinos. No es un pedido excepcional. Figuras de la talla de Roger Waters, Natalie Portman, Stephen Hawking o nuestra más cercana Natalia Oreiro ya se han negado a respaldar con su presencia la política colonial del Estado de Israel y cancelaron viajes a ese país.
Un futbolista palestino subió un video, dirigido especialmente a Lionel Messi, con el ruego de que suspendan la presentación. Tiene autoridad para hacerlo: un soldado israelí lo baleó en una rodilla y acabó con su carrera deportiva. Estaba manifestándose en contra de la ocupación de su país y, aunque iba desarmado, recibió ese brutal ataque. Igual que la enfermera mencionada, aunque a ella le fue peor pues acabaron con su vida.
Ese “genocidio por goteo” como ya califican al método que aplican las fuerzas armadas israelíes es lo que está en el centro del debate. Porque además el partido del sábado forma parte de los festejos del 70° aniversario de la fundación del Estado de Israel, un episodio que los palestinos llaman “la Nakba”, es decir, la catástrofe. Hoy suman unos 5 millones los refugiados palestinos fuera de su país; uno de cada tres refugiados en el mundo es palestino, y es la consecuencia directa de la apropiación por la fuerza de sus tierras, que incluyó matanzas, arrasamiento de poblaciones, envenenamiento de las fuentes de agua y la deportación masiva.
Son motivos muy poderosos como para tomar en cuenta este clamor que hoy se alza para que la selección no convalide con su presencia las atrocidades que siguen cometiendo los israelíes.